Los rostros que impulsan la inclusión de las personas con discapacidad en México: “Ocúpanos, somos gente preparada”

México busca a diario avanzar en la construcción de una sociedad más justa y equitativa. Sin embargo, en el camino hacia la plena inclusión de las personas con discapacidad, a menudo nos topamos con barreras que van más allá de lo físico, adentrándose en el lenguaje de las leyes y en las actitudes que estas reflejan. La historia de Óscar Zaldívar, a quien todos conocen como Pollo, es un claro ejemplo de esta lucha constante.

En 2023, Pollo, quien hoy tiene 33 años y es ciego, se encontró en una batalla contra la Ley de Discapacidad e Inclusión de Durango, su estado. El texto legal proponía que “se procurará” que el 2% de la plantilla laboral pública y privada estuviera destinada a personas con discapacidad. El problema no era solo la cifra, ya de por sí baja frente al 10% de la población que este colectivo representa en Durango, sino la ambigüedad de ese “se procurará”. “Imagínense, diputados, que les digan, ¿se procurará pagarles cada 15 días?”, repetía Zaldívar. “No quieren que se procure, ¿verdad? Quieren que sea obligatorio”. Los legisladores, lejos de mejorar la situación, tuvieron “el talento de empeorar lo que ya estaba mal”, y eliminaron por completo el 2%. “Ahora ya no hay ni siquiera cifra. Que se procure”, lamenta Pollo. Esta anécdota, que resuena con la frustración de miles, nos obliga a mirar más allá de la superficie y a exigir un compromiso real.

El laberinto de las palabras: el reto de las leyes laxas

El caso de Durango no es aislado. En México, la implementación de políticas públicas y leyes destinadas a la inclusión de personas con discapacidad a menudo choca con formulaciones vagas que diluyen su efectividad. Verbos como “procurar”, “fomentar” o “promover” se convierten en una trampa burocrática que permite a instituciones y empresas eludir responsabilidades sin incurrir en faltas legales. Esta ambigüedad, que aparentemente busca una flexibilidad, en realidad perpetúa la discriminación y la exclusión, dejando a las personas con discapacidad en un limbo de oportunidades condicionadas a la buena voluntad, en lugar de a un derecho inalienable.

La Ley General para la Inclusión de las Personas con Discapacidad a nivel federal, si bien establece principios importantes, a menudo deja la concreción de cuotas y mecanismos de cumplimiento a las legislaciones estatales, generando un mosaico de regulaciones inconsistentes y, en muchos casos, inoperantes. Mientras en algunos estados se intenta establecer porcentajes específicos, la falta de sanciones claras o de mecanismos de supervisión robustos hace que estas disposiciones queden, en la práctica, en letra muerta. Las personas con discapacidad no necesitan que se “procure” su bienestar; necesitan garantías, derechos exigibles y un marco legal que respalde su plena participación en la vida productiva del país.

“Ocúpanos, somos gente preparada”: la voz de la capacidad

Detrás de la indignación por las leyes a medias, resuena un mensaje claro y poderoso: “Ocúpanos, somos gente preparada”. Esta frase, que encapsula la esencia de la lucha por la inclusión laboral, es un llamado a reconocer el talento, la experiencia y la capacidad de las personas con discapacidad. No se trata de caridad ni de gestos superficiales; se trata de justicia y de aprovechar el potencial humano. Contrario a los estereotipos, un porcentaje significativo de personas con discapacidad en México cuenta con formación académica, habilidades técnicas y una profunda resiliencia que las convierte en valiosos activos para cualquier empresa o institución. Según datos del INEGI, millones de mexicanos viven con alguna discapacidad, y una gran proporción de ellos enfrenta barreras insalvables para acceder a un empleo formal, a pesar de su preparación.

La realidad es que el desempleo entre las personas con discapacidad es considerablemente más alto que en la población general. Aquellos que logran insertarse en el mercado laboral a menudo lo hacen en condiciones precarias o en empleos por debajo de sus cualificaciones. Las barreras no son solo legales; persisten los prejuicios, la falta de accesibilidad en los entornos laborales y la ausencia de ajustes razonables que permitan a cada persona desempeñarse plenamente. Es fundamental entender que la inclusión no es un costo, sino una inversión que enriquece la diversidad, fomenta la innovación y contribuye al desarrollo económico y social del país.

Más allá de Pollo: los rostros del cambio y la esperanza

Aunque Óscar Zaldívar nos muestra el lado más difícil de esta batalla, en México existen innumerables rostros que impulsan el cambio y demuestran que la inclusión es posible. Organizaciones de la sociedad civil, activistas, empresarios comprometidos y personas con discapacidad han alzado la voz y la mano para transformar la realidad. Hay empresas que han implementado programas exitosos de contratación inclusiva, descubriendo el valor de equipos diversos. Existen colectivos que trabajan incansablemente en la capacitación, la sensibilización y el cabildeo para que las leyes no solo existan, sino que se cumplan.

Estos esfuerzos van desde la creación de plataformas de empleo especializadas hasta la promoción de la accesibilidad universal en espacios públicos y privados. Son historias de superación individual que se convierten en motores de cambio colectivo, demostrando que cuando la voluntad se une a la acción, las barreras se derriban. El reto ahora es escalar estas iniciativas exitosas y transformarlas en una política de estado efectiva y generalizada, que no dependa del activismo de unos pocos, sino del compromiso de todos.

El camino hacia una inclusión verdadera: compromisos y acciones

Para pasar del “se procurará” al “será obligatorio” y, más importante aún, al “es una realidad”, México necesita dar pasos firmes y coordinados. Esto implica:

  • Legislación clara y exigible: Las leyes deben establecer cuotas de empleo obligatorias y con sanciones efectivas para su incumplimiento, tanto en el sector público como en el privado.
  • Inversión en accesibilidad: Promover y financiar la eliminación de barreras físicas y de comunicación en todos los ámbitos, desde el transporte hasta los centros de trabajo y educativos.
  • Sensibilización y capacitación: Combatir los prejuicios y estereotipos a través de campañas de concientización y formación para empleadores y para la sociedad en general.
  • Fomento educativo y laboral: Garantizar el acceso a una educación de calidad y a programas de capacitación laboral adaptados a las necesidades de las personas con discapacidad.
  • Monitoreo y evaluación: Establecer mecanismos transparentes para el seguimiento del cumplimiento de las leyes y el impacto de las políticas de inclusión.

La historia de Pollo y su incansable lucha es un recordatorio de que la verdadera inclusión se construye con hechos, no con palabras vacías. Las personas con discapacidad no solo tienen el derecho a un espacio digno en nuestra sociedad y en el mercado laboral; tienen la capacidad, el talento y la determinación para aportar enormemente. Es hora de escuchar su voz, de reconocer sus rostros y de decir con firmeza: “Ocúpanos, estamos preparados y somos parte esencial de México”. El momento de un compromiso real es ahora.

Con información e imágenes de: elpais.com