La verdad de las historias, el poder de la empatía y el gobierno: la lección de Chimamanda Ngozi Adichie

Guadalajara, México – Quienes han sido pacientes, o han tenido la suerte de pasearse por la FIL de Guadalajara en vísperas de que esta termine, se han visto recompensados con creces. La escritora nigeriana Chimamanda Ngozi (Enugu, 48 años) ha desembarcado en la ciudad mexicana este sábado para ofrecer su conferencia magistral La verdad de las historias, uno de los platos fuertes de la convocatoria, prevista inicialmente para el fin de semana anterior pero cancelada por cuestiones de salud. Y su mensaje ha resonado con una fuerza inesperada: «Si nuestros líderes leyeran buenas novelas, gobernarían mejor».

Una afirmación contundente, directa, que invita a la reflexión sobre la conexión intrínseca entre la ficción, la empatía y la capacidad de gobernar. Adichie, una de las voces literarias más importantes de nuestro tiempo, conocida por obras maestras como Americanah o Half of a Yellow Sun, no solo es una narradora excepcional, sino también una pensadora aguda sobre la sociedad y la política. Su visita a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) ha sido un evento muy esperado, y su conferencia magistral ha cumplido con creces las expectativas.

Leer como ejercicio de empatía

La premisa de Adichie es sencilla pero profunda: las buenas novelas nos sumergen en las vidas de personajes que no somos nosotros, nos obligan a comprender sus motivaciones, sus miedos, sus alegrías. Nos presentan mundos distintos, realidades ajenas, y al hacerlo, expanden nuestra capacidad de ponernos en el lugar del otro. Y esta habilidad, la de la empatía, es fundamental para cualquier líder.

“Cuando lees una novela, estás entrando en la mente de otra persona”, explicó Adichie durante su charla, según recogieron diversos medios presentes. “Estás experimentando el mundo desde su perspectiva. Las buenas novelas te obligan a ser generoso con tu imaginación, a aceptar la complejidad de los seres humanos. ¿Por qué un líder no podría beneficiarse de eso? Un líder que entiende que las personas son complejas, que tienen historias que van más allá de lo que vemos en un titular o en una estadística, seguramente tomará decisiones más justas y humanas.”

Imaginemos por un momento a un político leyendo El extranjero de Camus y comprendiendo el sentimiento de alienación, o a un mandatario conmoviéndose con Cien años de soledad de García Márquez y entendiendo la profunda conexión de un pueblo con su historia y su tierra. La literatura, en su esencia, es un antídoto contra la simplificación y el prejuicio, dos males que a menudo nublan el juicio en la toma de decisiones que afectan a miles, o millones, de vidas.

Las políticas públicas y el rostro humano

El impacto de las políticas públicas en la vida cotidiana de las personas es, a menudo, demasiado abstracto para quienes las diseñan. Un proyecto de ley, una reforma, una inversión, se traduce en números, en objetivos macroeconómicos, en estadísticas. Pero detrás de cada cifra, hay una persona, una familia, una comunidad con sus propias esperanzas, necesidades y luchas. Adichie, con su cita, nos recuerda que la literatura nos enseña a ver ese rostro humano.

Un líder que ha viajado por las páginas de una novela, que se ha adentrado en la piel de un inmigrante, de un oprimido, de un soñador, probablemente no tomaría decisiones que ignoraran las realidades más crudas de su sociedad. No crearía políticas que dejaran a nadie atrás, porque ya habría experimentado, de alguna manera, lo que significa ser «dejado atrás». Sería más propenso a buscar soluciones que consideren la diversidad de experiencias, en lugar de imponer un modelo único.

El reto de la complejidad

Por supuesto, la afirmación de Adichie no es una solución mágica, ni pretende serlo. Gobernar es una tarea compleja que requiere conocimiento técnico, capacidad de negociación, visión estratégica y una profunda comprensión de la economía, la sociología, la historia. Sin embargo, la empatía cultivada a través de la lectura puede ser el cimiento ético sobre el cual se construyen todas esas competencias.

En un mundo cada vez más polarizado, donde las narrativas se simplifican hasta lo absurdo y el diálogo parece imposible, la invitación de Adichie es a un acto de introspección y a una reivindicación de la imaginación. Las buenas novelas nos enseñan que no hay respuestas fáciles, que las motivaciones son complejas y que la humanidad es un mosaico de experiencias. Y precisamente por eso, leer es un acto revolucionario para cualquiera que aspire a construir una sociedad más justa y equitativa.

La FIL de Guadalajara se despide, pero el eco de las palabras de Chimamanda Ngozi Adichie resuena con fuerza. Su llamado a que nuestros líderes lean más novelas es, en el fondo, un llamado a que sean más humanos, más comprensivos, y, en última instancia, mejores servidores públicos. Un mensaje sencillo, pero de una profundidad inconmensurable.

Con información e imágenes de: elpais.com