El impacto del alza en las tarifas del transporte público: «Los más afectados son siempre los que viven en la periferia»

A las cinco de la mañana, cuando todavía es de noche en Coacalco, en el Estado de México, a unos 40 kilómetros del centro de la capital, Mireya Santos ya está en la calle. La mujer de 47 años camina dos cuadras, levanta la mano y se acomoda en el último asiento disponible de una combi, como llaman a las furgonetas del transporte público. “Hoy tuve suerte, a veces espero hasta 20 minutos y voy parada todo el camino”, dice. Los pasajeros con menos suerte que viajan de pie hacen todo tipo de maniobras durante el recorrido de media hora para no caer ante la velocidad, los baches y frenazos del trayecto, pues no hay de donde sujetarse. El silencio para respetar el sueño se interrumpe por los “buenos días” de quienes suben y bajan y las solicitudes de pasar el dinero al chófer. Mireya recibe el cambio y cae en cuenta: “Ya le subieron”. Se refiere al aumento en las tarifas del transporte público en el Estado de México y en la capital, que ha golpeado especialmente a los millones de personas que cada día cruzan el límite entre ambos territorios.

Un golpe constante al bolsillo y a la dignidad

La exclamación de Mireya es un eco de la realidad que viven millones de habitantes en las zonas conurbadas, que dependen del transporte público para llegar a sus trabajos, escuelas y centros de salud. El reciente incremento en las tarifas, aunque pueda parecer marginal para algunos –uno o dos pesos adicionales–, representa una carga económica significativa para quienes apenas llegan a fin de mes. En un hogar con dos o más miembros que utilizan el transporte diariamente, estos pequeños aumentos se traducen en cientos de pesos al mes que dejan de destinarse a alimentos, medicinas o material escolar.

La historia de Mireya, quien trabaja como personal de limpieza en el centro de la Ciudad de México, es paradigmática. Su jornada laboral comienza mucho antes de las nueve de la mañana y termina mucho después de las cinco de la tarde. Entre traslados, puede pasar hasta cuatro horas diarias en el transporte público, sin contar el tiempo de espera. La calidad del servicio, como ella misma relata, a menudo es deficiente: unidades en mal estado, sobrecarga de pasajeros y la constante incertidumbre de llegar a tiempo. Con el alza de tarifas, no solo se resiente su bolsillo, sino también su ya mermada calidad de vida. “Es como si trabajáramos más para pagar lo mismo, o menos, porque cada vez nos rinde menos”, comenta con resignación.

La periferia: el corazón económico que nadie ve

Los expertos en urbanismo y economía coinciden: el impacto de estas alzas es desproporcionado para los habitantes de la periferia. Según estudios recientes, el gasto en transporte puede representar entre el 10% y el 20% del ingreso familiar de los hogares de bajos recursos en el Valle de México, una cifra que se eleva aún más tras cada aumento. “Mientras que un habitante del centro puede tener varias opciones de transporte, incluyendo la caminata o la bicicleta para distancias cortas, el residente de la periferia no tiene alternativa. Está cautivo del sistema”, explica la Dra. Laura Hernández, socióloga urbana de la UNAM.

La situación se agrava porque muchas de estas zonas carecen de servicios básicos adecuados y de oportunidades de empleo local, obligando a sus habitantes a desplazarse grandes distancias. Es una paradoja cruel: quienes sostienen gran parte de la economía capitalina con su fuerza de trabajo, son los que más sufren las deficiencias y los costos de un sistema de transporte que no los prioriza. No se trata solo de un aumento de precios, sino de una política pública que, aunque necesaria para la sostenibilidad del sistema, no siempre considera el entramado social y económico de sus usuarios más vulnerables.

El efecto dominó en las finanzas familiares

El dinero extra gastado en transporte tiene un efecto cascada en el presupuesto familiar. Padres de familia como Mireya se ven obligados a hacer malabares para mantener el equilibrio. Esto puede significar:

  • Reducir la calidad y cantidad de alimentos.
  • Posponer consultas médicas o la compra de medicamentos no urgentes.
  • Disminuir la inversión en educación, como libros o útiles escolares.
  • Eliminar cualquier tipo de ocio o recreación, afectando la salud mental y el bienestar familiar.

La Dra. Hernández enfatiza que “estos ajustes no son meras incomodidades, son decisiones que afectan directamente la salud, la educación y las oportunidades de desarrollo de las familias”. La fatiga física y mental de los largos viajes y el estrés financiero también tienen un costo social, erosionando la cohesión comunitaria y aumentando los niveles de ansiedad.

Buscando soluciones equitativas y un futuro más justo

A pesar del panorama desafiante, no todo está perdido. La problemática del transporte público en zonas metropolitanas exige una visión integral que vaya más allá del mero ajuste tarifario. Es fundamental que las autoridades consideren soluciones que alivien la carga de los más afectados. Algunas propuestas incluyen:

  • Subsidios focalizados: Crear programas de apoyo directo a usuarios de bajos ingresos o estudiantes que residen en la periferia.
  • Expansión y mejora de infraestructura: Invertir en sistemas de transporte masivo eficientes y seguros que conecten directamente las zonas conurbadas con los centros de empleo, reduciendo los tiempos y costos de traslado.
  • Integración tarifaria: Desarrollar un sistema de pago unificado que permita transbordos sin costos adicionales excesivos entre diferentes modos de transporte.
  • Planeación urbana inteligente: Fomentar el desarrollo de centros de empleo y servicios en la periferia para reducir la necesidad de desplazamientos tan largos.
  • Diálogo constante: Establecer mesas de trabajo permanentes entre autoridades, operadores de transporte y representantes ciudadanos para encontrar soluciones consensuadas.

La experiencia de Mireya y millones de personas como ella nos recuerda que el transporte público no es solo un servicio; es un derecho fundamental que conecta a las personas con sus oportunidades y con su futuro. Las alzas de tarifas, aunque a veces inevitables, deben venir acompañadas de un compromiso firme con la equidad y la justicia social, garantizando que la periferia no siga siendo el motor silencioso y agotado de nuestra gran ciudad, sino una parte vibrante y bien conectada de ella. Es hora de que las políticas públicas miren con mayor detenimiento a quienes madrugan antes del amanecer y regresan a casa cuando la noche ya ha caído, para construir una metrópoli más humana y menos desigual.

Fuente:https://elpais.com/mexico/2025-11-08/el-impacto-del-alza-en-las-tarifas-del-transporte-publico-los-mas-afectados-son-siempre-los-que-viven-en-la-periferia.html