La guerra en el golfo resucita el fantasma de la estanflación y aprieta los bolsillos

Vuelve la palabra que nadie quería oír: una subida de precios acompañada de frenazo económico, 50 años después. Si el conflicto en Irán interrumpe suministros energéticos, la receta puede ser peligrosa: inflación alta y crecimiento bajo a la vez.

La combinación suena a contradicción, pero la historia lo demostró en los años setenta: precios por las nubes y economías que no arrancaban. Hoy, con las cadenas de suministro todavía frágiles tras la pandemia y los bancos centrales que ya han subido tipos para frenar la inflación, un nuevo choque por la guerra en el golfo —con Irán como epicentro geopolítico— vuelve a poner sobre la mesa el riesgo de estanflación.

¿Por qué pasa? Porque las subidas de precios por motivos externos no se corrigen automáticamente por la pérdida de demanda. Cuando la energía y los alimentos suben por un corte de oferta o por la amenaza de cortes —pensemos en el estrecho de Ormuz o en sanciones que limitan exportaciones—, los hogares ven cómo su cesta básica pesa más mientras la economía frena: menos consumo, menos inversión, menos empleo. Los salarios reales caen y, paradójicamente, ese frenazo no siempre basta para domar la inflación si la causa es ajena a la clásica ley de oferta y demanda.

Qué dicen los datos y las instituciones

  • Agencias como la Agencia Internacional de la Energía y organismos multilaterales han advertido que cualquier interrupción significativa en el suministro de crudo desde la región golfo-pérsica empuja los precios globales al alza y afecta la inflación mundial (IEA; FMI, 2024).
  • Los bancos centrales, desde la Reserva Federal hasta el Banco Central Europeo, enfrentan un dilema: subir tipos de nuevo para contener la inflación puede hundir aún más el crecimiento; moderar la política monetaria para sostener la actividad puede anclar expectativas inflacionarias al alza (BCE, comunicados 2023-2024).
  • El antecedente más cercano se vive en la experiencia de los 70: choques petroleros de 1973 y 1979 desencadenaron alta inflación y crecimiento negativo en países desarrollados. Hoy las economías son más diversificadas, pero la dependencia de combustibles fósiles todavía las hace vulnerables.

Impacto directo en la vida cotidiana

  • Hogares: facturas de luz y combustible más altas, alimentos más caros. El salario pierde poder adquisitivo y las familias recortan gastos en educación, ocio y salud.
  • Pequeñas empresas: costes de producción y transporte suben; márgenes comprimidos; riesgo de cierres si la demanda cae.
  • Mercados laborales: aumento del desempleo en sectores sensibles a la demanda y la energía; presión a la baja sobre los salarios reales.
  • Política pública: gobiernos con menos margen presupuestario para estímulos y mayor presión sobre las cuentas públicas si se multiplican medidas de apoyo social.

Escenarios plausibles

Escenario Qué ocurre Consecuencias
Choque agudo y breve Picos en el precio del petróleo y alimentos durante semanas Inflación temporal alta; bancos centrales responden con mensajes y moderan la política si el crecimiento aguanta
Choque prolongado Interrupciones sostenidas del suministro o sanciones duraderas Inflación sostenida con desaceleración del crecimiento: riesgo real de estanflación
Escalada regional Extensión del conflicto y afectación de rutas marítimas Impacto global en energía y comercio: recesión combinada con inflación elevada

Qué pueden y deben hacer los gobiernos

  • Medidas de alivio focalizadas: transferencias dirigidas a hogares vulnerables y compensaciones a sectores críticos para evitar la pérdida de empleo masiva.
  • Gestión de oferta: uso estratégico de reservas energéticas nacionales para amortiguar picos temporales (experiencia del SPR en EE. UU.).
  • Política monetaria prudente: comunicación clara de objetivos para evitar anclar expectativas inflacionarias, y coordinación con la política fiscal.
  • Impulso a la transición energética: acelerar inversiones en renovables y eficiencia para reducir vulnerabilidad estructural al petróleo.
  • Transparencia y rendición de cuentas: explicar costes reales y evitar medidas populistas que agraven el problema fiscal y la inflación.

Conclusión

La amenaza no es una certeza automática, pero existe. Un conflicto vinculado a Irán que golpee el suministro energético puede encender un motor inflacionario cuando las economías están todavía recuperándose. Es un cóctel peligroso: precios disparados y actividad estancada. El reto para gobiernos y bancos centrales es evitar el mal menor: mantener la estabilidad de precios sin ahogar el ya débil crecimiento, proteger a los más vulnerables y usar la inteligencia política para que un choque externo no se convierta en un lastre social duradero.

Fuentes consultadas: informes y advertencias públicas de la Agencia Internacional de la Energía (IEA), Fondo Monetario Internacional (FMI), Banco Central Europeo (BCE) y análisis históricos sobre los choques petroleros de los años 70.

Con información e imágenes de: elpais.com