Francia en tensión: deuda récord y protestas amenazan con desbordar al país antes de la campaña

París. Las cifras económicas y la ira social se cruzan en un punto peligroso. Según datos recientes de INSEE, el déficit fiscal de Francia alcanza el 5,4% del PIB y la deuda pública se mueve en niveles récord, por encima del 110% del PIB. La Banque de France advierte sobre el riesgo de que el aumento del endeudamiento eleve el coste de la financiación y reduzca márgenes de maniobra. Al mismo tiempo, agencias de calificación como Fitch, Moody’s y Standard & Poor’s han colocado al país bajo vigilancia ante la posibilidad de una rebaja.

El Gobierno ha presentado un paquete de ajustes que incluye recortes al gasto público y medidas para contener el déficit. La propuesta choca de frente con las manifestaciones masivas que sacuden ciudades desde hace semanas —un movimiento que medios como Le Monde y la agencia AFP han seguido día a día— y llega a menos de seis meses de las elecciones presidenciales, aumentando la tensión política.

“Si nos quitan plazas en el hospital y recortan en educación, los barrios empobrecidos pagaremos el precio”, dice Marie, enfermera en las afueras de Lyon, que participó en una de las movilizaciones. Su testimonio resume el dilema: la necesidad de estabilizar las cuentas públicas frente al coste social que generan las medidas de ajuste.

Los efectos son concretos: servicios locales que sufren recortes, alcaldías que posponen inversiones y familias que ya sienten la presión del aumento de precios en la energía. Para muchos trabajadores públicos, las propuestas del Ejecutivo suponen una mayor precarización en sectores ya tensionados. Economistas consultados por varios medios señalan que recortar gasto sin un plan claro de crecimiento puede frenar la recuperación y agravar el desempleo; fuentes como la OCDE han subrayado antes la necesidad de combinar disciplina fiscal con inversión inteligente.

Desde la oposición y sindicatos se exige otra hoja de ruta: impuestos más progresivos sobre grandes patrimonios, lucha real contra la evasión fiscal y priorizar inversiones en salud, educación y transición ecológica que impulsen empleo de calidad. Estas alternativas no aparecen con la misma fuerza en el plan oficial, lo que alimenta la desconfianza ciudadana.

El calendario político complica aún más el panorama. Con la campaña presidencial a la vuelta de la esquina, las decisiones económicas adquieren un doble efecto: técnico y simbólico. Una rebaja de la calificación crediticia encarecería la deuda y reduciría la capacidad del Estado para responder a crisis, mientras que las movilizaciones sociales podrían radicalizar la agenda política y fragmentar alianzas tradicionales.

El reto es, por tanto, doble: recuperar la credibilidad financiera sin sacrificar la cohesión social. Las soluciones exigidas por la calle y recomendadas por organismos como la Banque de France y la OCDE coinciden en algo básico: la necesidad de un plan creíble, transparente y justo. La pregunta que queda es si el Gobierno escuchará ese llamado antes de que la suma de deuda y descontento desborde la estabilidad que muchos dan por garantizada.

Información basada en datos de INSEE, advertencias de la Banque de France y seguimiento informativo de Le Monde y AFP.

Con información e imágenes de: France 24