Encuentro editorial regio busca consolidarse como feria nacional en cuarto año
En su cuarto año al frente del Encuentro Editorial Regio, Henoc de Santiago asegura que la prioridad es consolidar un programa literario que impulse a la feria hacia “una de las más importantes del país”, según la organización del Encuentro Editorial Regio. La ambición es legítima, pero el camino exige más que buenas intenciones: requiere recursos públicos estables, políticas culturales inclusivas y un equilibrio entre grandes sellos y editoriales independientes.
La apuesta de De Santiago, de acuerdo con comunicados de la organización, ha sido ampliar la programación académica y de fomento lector, atraer mesas con autoras y autores regionales y nacionales, y vincular el evento con escuelas y bibliotecas. Ese modelo puede funcionar como un motor cultural para la comunidad, pero también corre el riesgo de quedarse en un escaparate si no se atienden problemas de fondo. La pregunta es si la feria será un espacio de acceso para lectores con menos recursos o si terminará favoreciendo a quienes ya consumen cultura con regularidad.
Desde una perspectiva crítica, la consolidación de una feria implica tres retos claros. Primero, la financiación: depender de patrocinios privados y de apoyos ocasionales del sector público no garantiza continuidad ni condiciones laborales dignas para promotores y editores. Segundo, la inclusión: la programación debe priorizar lenguajes y autores diversos, acercando la oferta a comunidades marginadas y a escuelas públicas. Tercero, la cadena del libro: precios, distribución y la presencia de librerías locales deben fortalecerse para que el ecosistema editorial regional no sea devorado por grandes cadenas o por dinámicas especulativas.
Henoc de Santiago, según la organización del Encuentro Editorial Regio, afirma tener acuerdos con instituciones culturales y con editoriales para ampliar la presencia de catálogo y actividades. Eso es positivo, pero desde la ciudadanía y el activismo cultural urge transparencia sobre recursos, criterios de selección y mecanismos para apoyar a editoriales emergentes. La cultura no prospera sólo con buenas voluntades; necesita políticas públicas con rumbo y rendición de cuentas.
En contraste con ferias que se dicen nacionales por el número de expositores, la verdadera medida debería ser el impacto: cuántas personas leyeron luego de una charla, cuántas escuelas participaron, cuántas editoriales pequeñas consiguieron contratos de distribución. El Encuentro Editorial Regio tiene la oportunidad de enfocarse en resultados tangibles: ferias que generan lectores y fortalecen cadenas locales son las que trascienden cuando se apagan las luces.
Desde la voz de la calle, editores independientes y promotores culturales han celebrado la visibilidad que la feria ofrece, pero también advierten sobre la necesidad de apoyo para logística, traducción, y pago justo a autoras y moderadores. La organización del Encuentro Editorial Regio tiene en sus manos convertir un evento mediano en un proyecto cultural sólido si acompaña el crecimiento con criterios de equidad y democracia cultural.
La apuesta de De Santiago puede transformar a la feria en un referente, siempre que vaya acompañada por compromisos públicos claros y por la participación activa de la comunidad lectora. La cultura no es una competición por estatus, es una red: hay que fortalecer los eslabones más débiles para que todo el tejido resista.
Fuente: organización del Encuentro Editorial Regio y declaraciones de Henoc de Santiago.
