Una baticueva en Tlaxcala: la historia de la familia que albergó a más de mil murciélagos en su casa
Cuando el señor Jorge Nocelo bajó al sótano de su casa en Natívitas, Tlaxcala (centro de México) en busca de la tapa de una olla, no esperaba encontrar inquilinos en su propiedad. Entre muñecas, carriolas y otros cacharros, ese espacio abierto sobre una cañada en el que su familia almacenaba todo aquello que ya no usaban regularmente, se había convertido en el nuevo hogar de cientos de murciélagos. Aunque al principio no los reconoció, bastó alumbrar un poco para distinguir a los pequeños quirópteros famosos por colgar boca abajo.
La sorpresa fue mayúscula. No eran uno, ni diez, ni siquiera cien. Pronto, la familia Nocelo, con la ayuda de expertos, estimaría que más de mil murciélagos habían elegido su sótano como refugio. Un hallazgo que transformaría por completo su percepción sobre estas criaturas nocturnas y los convertiría, sin saberlo, en guardianes de un inesperado ecosistema subterráneo.
De la sorpresa al entendimiento: desafiando los mitos
La primera reacción, como es natural, estuvo teñida de asombro y, para algunos miembros de la familia, una dosis de miedo. Los murciélagos cargan con una fama inmerecida, alimentada por leyendas de vampiros y asociaciones con enfermedades. Sin embargo, la curiosidad de los Nocelo los impulsó a buscar información. Pronto aprendieron que la mayoría de los murciélagos que habitan en México son insectívoros, es decir, se alimentan de insectos. Esto significaba que sus nuevos huéspedes eran, en realidad, los mejores aliados para mantener a raya a mosquitos, polillas y otros bichos que podían afectar tanto la comodidad de su hogar como los cultivos locales.
Expertos de instituciones ambientales y universidades, al enterarse de la inusual «baticueva» en Natívitas, se acercaron a la familia para ofrecer asesoría. Explicaron que los murciélagos son esenciales para el equilibrio ecológico. Más allá de su papel como controladores de plagas, algunas especies son vitales polinizadores de plantas como el agave, de donde se obtiene el tequila, y muchas cactáceas. Otros dispersan semillas, ayudando a la regeneración de los bosques. La presencia de una colonia tan grande en su propiedad era, de hecho, una señal de un ecosistema relativamente sano en la zona.
La convivencia: retos y recompensas de una casa con murciélagos
Vivir con más de mil murciélagos bajo el techo no ha estado exento de desafíos. El principal, según relata la señora Nocelo, es el guano, es decir, el excremento de los murciélagos. Aunque es un fertilizante orgánico muy valioso, su acumulación requiere limpieza constante. Con el tiempo, la familia ha ideado maneras de gestionarlo, incluso aprovechando parte de este recurso para sus propios jardines.
Otro aspecto es el ruido, especialmente al atardecer, cuando la colonia emprende su vuelo nocturno en busca de alimento, y al amanecer, cuando regresan. Sin embargo, la familia ha aprendido a ver este ajetreo como parte de la vida. Han sido testigos de cómo estos pequeños mamíferos, a pesar de su tamaño, cumplen una función vital. Observarlos volar en perfecta sincronía, saliendo del sótano en una columna oscura contra el cielo crepuscular, se ha convertido en un espectáculo que incluso atrae a vecinos y curiosos.
La experiencia ha transformado la casa de los Nocelo en un punto de referencia local y un ejemplo de coexistencia entre humanos y vida silvestre. Han pasado de la aprensión a una profunda admiración y un sentido de responsabilidad por sus inquilinos alados. La familia ha tomado precauciones para no molestar a los murciélagos, entendiendo que el sótano es ahora su santuario.
Un llamado a la conservación desde Tlaxcala
La historia de la familia Nocelo es un recordatorio poderoso de la importancia de la educación ambiental y la desmitificación de criaturas malentendidas. Los murciélagos, lejos de ser plagas, son aliados insustituibles en la naturaleza. Su declive, causado por la destrucción de hábitats, el uso de pesticidas y la ignorancia, tendría consecuencias graves para los ecosistemas.
El caso de Natívitas resalta la necesidad de apoyar iniciativas de conservación de la vida silvestre. Instituciones como el Instituto de Ecología (INECOL), la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y organizaciones civiles trabajan arduamente para estudiar y proteger a los murciélagos y sus hábitats. Programas de monitoreo y sensibilización ciudadana son clave para garantizar que estas criaturas continúen desempeñando su rol vital.
La familia Nocelo, con su «baticueva» en Tlaxcala, nos muestra que con un poco de conocimiento, paciencia y respeto por la naturaleza, podemos construir puentes con la vida silvestre, incluso cuando esta elige nuestro propio hogar como refugio. Su historia es un ejemplo de cómo una simple búsqueda de una tapa de olla puede conducir a una lección de vida profunda y a la valiosa protección de un tesoro natural inesperado.
