Octavo apagón sacude a cuba: ingenio ciudadano contra la oscuridad

Un nuevo corte masivo de electricidad obligó a millones a improvisar soluciones caseras mientras las autoridades y la población se responsabilizan mutuamente por la crisis.

Este jueves, por octava vez en semanas, amplias zonas de la isla quedaron sin suministro eléctrico durante varias horas. Según comunicados de la Unión Eléctrica de Cuba y reportes de Reuters, el apagón se produjo en medio de fallas en unidades de generación y problemas en la red que arrastran años de deterioro. El gobierno apunta a la escasez de combustible agravada por el bloqueo de Estados Unidos; analistas y prensa independiente como 14ymedio subrayan además la falta de inversión, mantenimiento y una planificación energética insuficiente.

En barrios de La Habana, Santiago y provincias centrales, la respuesta fue inmediata y creativa. María, vendedora ambulante en el Cerro, conecta un pequeño panel solar portátil para cargar varios teléfonos y mantener un ventilador de batería. En un reparto de Matanzas vecinos comparten la energía de un generador comunitario para conservar medicinas. En las plazas, la gente conversa a la luz de linternas recargables; en algunos hospitales, los servicios esenciales funcionaron con grupos electrógenos, informó el Ministerio de Salud Pública.

El ingenio popular contrasta con costos reales: la interrupción afecta a personas mayores que dependen de equipos médicos en casa, a pequeñas empresas que pierden jornadas productivas y a las cadenas de frío de alimentos y vacunas. Hoteles y la industria turística también reportaron inconvenientes, según notas de prensa y testimonios recogidos por Reuters.

Es necesario matizar: el bloqueo estadounidense complica el acceso a combustible y equipos, pero no explica por sí solo años de desinversión. El sistema eléctrico cubano combina plantas térmicas envejecidas, líneas sobrecargadas y una gestión que, según expertos consultados por medios internacionales, requiere transparencia, priorización de mantenimiento y diversificación de fuentes.

Qué se puede hacer. La salida inmediata pasa por reparar y mantener lo existente, priorizar hospitales y redes críticas, y ampliar el acceso a energías solares descentralizadas con apoyos estatales y comunitarios. A mediano plazo, la apuesta debe ser por modernizar la red y abrir mecanismos de cooperación técnica que no dependan exclusivamente de flujos de combustible sancionados.

En la calle, la experiencia cotidiana pide soluciones prácticas: puntos públicos de carga con energía renovable, inventarios transparentes de cortes programados y campañas para adaptar el consumo. Mientras tanto, las linternas y los paneles portátiles se han vuelto metáforas de una resiliencia forzada: útiles, necesarias, pero insuficientes si no hay políticas estructurales que devuelvan la luz a millones.

La lección es clara para autoridades y ciudadanos: sin una política energética coherente y participativa, cada apagón será un recordatorio de que la fragilidad de la infraestructura se traduce en pérdida de derechos básicos. La pregunta ahora es si la respuesta será sólo paliativa o si habrá voluntad política para un cambio real y sostenido.

Con información e imágenes de: France 24