Escándalo en el hospital general: residentes denuncian comedor por mala higiene y alimentos en mal estado
Varios residentes y familiares del Hospital General aseguran que el comedor del centro ya arrastra una mala fama que, dicen, se ha traducido en alimentos en mal estado y prácticas de higiene insuficientes. Testimonios recogidos por La Voz Ciudadana describen menús con olores extraños, raciones en mal estado y la presencia ocasional de insectos en las áreas de preparación.
«A veces la comida huele raro y varios compañeros han pasado malestares estomacales después de comer», relató un residente que pidió anonimato por temor a represalias. Otro trabajador indicó que el servicio de cafetería funciona con menos personal del necesario y que la supervisión es esporádica.
El impacto va más allá del mal sabor: pacientes con defensas bajas y el propio personal que hace guardias prolongadas quedan expuestos a riesgos que afectan la atención. Como metáfora, dicen algunos médicos jóvenes, el comedor se ha convertido en una pequeña bomba de relojería dentro del hospital: algo que parece menor pero que puede desatar problemas clínicos y operativos.
La Voz Ciudadana habló también con el sindicato de trabajadores del Hospital General, que señaló la falta de controles y la contratación de terceros sin garantías de calidad. «Se ha tercerizado y se recortó personal; a la larga, quien pierde es el paciente», afirmó su representante.
La dirección del Hospital General, consultada por este medio, reconoció que existen «reportes puntuales» y aseguró que se reforzarán las medidas de control interno y la limpieza de las áreas. Por su parte la Secretaría de Salud estatal indicó a La Voz Ciudadana que evaluará los protocolos de higiene alimentaria y, en caso necesario, ordenará una inspección sanitaria.
Este episodio plantea preguntas sobre las decisiones administrativas que afectan servicios básicos dentro de un hospital público: cuándo la austeridad o la externalización terminan por comprometer la seguridad de pacientes y trabajadores. La solución obliga a actuar en tres frentes; mejorar controles sanitarios, garantizar personal capacitado y transparentar contratos con proveedores.
En el Hospital General, mientras tanto, los residentes exigen respuestas claras y rápidas. «No podemos arriesgar la salud por ahorrar unos pesos», dijo una residente. La comunidad y las autoridades tienen ahora la oportunidad de convertir este escándalo en una mejora concreta: inspecciones frecuentes, informes públicos y participación del personal clínico en la supervisión del comedor.

