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Quejas de residentes sacan a la luz deficiencias del comedor del Hospital General

Testimonios de médicos y residentes apuntan a que el comedor del Hospital General de México, conocido también como Hospital General «Dr. Eduardo Liceaga», arrastra desde hace meses una mala fama por la higiene y la calidad de los alimentos. Según testimonios recabados por este reportaje, la comida llega fría, las porciones son insuficientes para jornadas largas y existen prácticas de manipulación que generan preocupación entre quienes pasan turnos de 24 horas o tratan a pacientes críticos.

Una residente de medicina interna explicó a este diario que en más de una ocasión encontró alimentos con mal olor y que varios compañeros han sufrido malestares estomacales después de comer en el comedor del hospital. Otro médico contó que, en guardias nocturnas, el servicio se limita a opciones poco nutritivas y repetitivas, lo que afecta el rendimiento y la salud del personal. Estos testimonios coinciden en que la situación no es nueva, y que la mala calidad del servicio refleja descuidos en la contratación y supervisión de proveedores.

Fuentes internas indican que el servicio de alimentos está a cargo de un proveedor contratado por la administración hospitalaria, y que la supervisión corresponde tanto a la dirección del Hospital General de México como a instancias sanitarias superiores. Corresponde, además, a la Secretaría de Salud y a la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) verificar las condiciones higiénicas y de inocuidad alimentaria en instalaciones públicas.

La calidad del comedor no es un asunto menor: cuando el personal sanitario no recibe alimentación adecuada, se reducen la concentración y la capacidad de respuesta, y se incrementa el riesgo de errores médicos. Para los pacientes y sus familias, un comedor deficiente puede traducirse también en mayor desconfianza hacia la institución pública que debe garantizar salud y cuidado.

Preguntada la Secretaría de Salud sobre las denuncias, la dependencia fue contactada por este medio pero no entregó una respuesta al cierre de esta edición. Desde la dirección del hospital señalaron, en mensajes a personal interno, que se han hecho revisiones puntuales y que se trabaja en ajustar horarios y menús, sin detallar medidas concretas ni plazos.

En un país donde la atención pública enfrenta ya limitaciones de recursos, el comedor hospitalario no puede ser la caja de Pandora de la precariedad. Es imprescindible que la Secretaría de Salud y Cofepris actúen con transparencia: inspecciones regulares, publicación de resultados y sanciones cuando proceda, además de revisar contratos para garantizar proveedores con capacidad técnica y compromiso sanitario.

Los residentes esperan una respuesta rápida. Más allá de palabras, piden soluciones concretas: alimentos frescos y suficientes, condiciones de higiene comprobables y canales claros para denunciar sin represalias. Si la salud pública es un edificio, su comedor no debe ser la grieta por la que se filtre todo lo demás.

Con información e imágenes de: Reforma