Cuentas falsas saturan apps de transporte y dejan a usuarios y choferes en riesgo

El sector del transporte privado vive una ola de fraudes y suplantaciones que pone en jaque la rutina de miles de pasajeros y conductores. Según reportes de prensa como Reuters y la BBC, plataformas como Uber, Cabify y DiDi han detectado un aumento en cuentas fraudulentas, clonaciones y usos indebidos de promociones que, en la práctica, pueden dejar a una persona varada en la calle o con cargos no autorizados en su tarjeta.

Lo que parece un problema técnico es, en realidad, una falla social: identidades robadas con números de teléfono temporales o documentos digitalizados se emplean para crear cuentas que cancelan viajes a último minuto, bloquean vehículos o permiten estafas de pago. Conductores consultados por medios internacionales dicen que el nivel de incertidumbre crece; más tiempo parado implica menos ingresos. Pasajeros denuncian cancelaciones en cadena que los dejan en estaciones o barrios mal iluminados, una preocupación de seguridad que los reguladores no pueden ignorar.

Organismos de protección al consumidor como PROFECO en México y la Superintendencia de Industria y Comercio en Colombia han recibido un aluvión de quejas sobre estos hechos, mientras que las empresas del sector admiten esfuerzos por mejorar controles pero reconocen límites técnicos y legales. Reuters ha documentado casos donde la suplantación también sirve para lavar promociones o para vaciar billeteras digitales vinculadas a cuentas débiles.

La política pública debe moverse más rápido que el fraude. Exigir verificación de identidad más robusta, controles en la emisión de SIM y cooperación entre operadores móviles y plataformas son pasos necesarios. Además, soluciones técnicas como la verificación biométrica en el registro y señales de alerta automáticas para patrones sospechosos tienen que combinarse con sanciones efectivas para redes de estafa. No se trata solo de tecnología: hay que proteger el bolsillo del trabajador y la seguridad del pasajero.

Una regulación equilibrada puede evitar que la economía digital se parezca a una ciudad sin semáforos. Las compañías tienen responsabilidad, pero también los gobiernos. Si las plataformas facturan millones por viaje, deben invertir en prevención y en mecanismos de reparación accesibles y rápidos. Y las autoridades, en lugar de reaccionar cuando el problema explota en titulares, deben anticiparlo con normas claras y supervisión continua.

Mientras tanto, los consejos prácticos son sencillos: revisar perfiles, confirmar la placa y modelo del vehículo antes de subir, y reportar cualquier irregularidad a la plataforma y a las autoridades locales. Es una deuda pendiente de la modernidad: que la tecnología sirva para acercar personas, no para dejarlas varadas.

Fuentes: Reuters, BBC, informes de PROFECO y Superintendencia de Industria y Comercio.

Con información e imágenes de: informador.mx