Ciudad se viste de muertos y contradicciones: la guía crítica del día de muertos 2026 en la cdmx

Durante los primeros días de noviembre la Ciudad de México volverá a convertirse en vitrina de tradición, fiesta y también de tensiones sociales. Según la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México, el programa oficial de 2026 contempla ofrendas monumentales en el Zócalo, intervenciones en museos y una serie de recorridos en Xochimilco y Mixquic; el Gobierno de la Ciudad promete más seguridad y señalización para los miles de visitantes que se esperan.

Lo positivo es evidente: el día de muertos se mantiene como motor cultural y económico. Museos, mercados y comunidades artesanales recuperan visibilidad y ventas, y el turismo interno suele registrar picos en estas fechas, algo que confirman los patrones de movilidad reportados por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) en años previos. Para muchas familias, las celebraciones son también una forma de sostener identidad y memoria colectiva.

Pero no todo es celebración. En la práctica sobrevuelan problemas que deberían incomodar a las autoridades. La concentración de eventos en el Centro Histórico genera cierres viales, aumentos en el costo de los puestos y empuja a los comerciantes tradicionales a competir con operadores de mayor escala. Vecinos y grupos de protección del patrimonio han denunciado obras y montajes que, dicen, dañan fachadas y desbordan espacios públicos sin una evaluación clara de impacto ambiental y urbano. Estas críticas fueron planteadas en foros vecinales y reportes entregados a la alcaldía Cuauhtémoc.

También hay un dilema ecológico: trajineras en Xochimilco y la proliferación de desechos durante las celebraciones. Autoridades locales aseguran planes de limpieza y de manejo de residuos, pero organizaciones civiles cuestionan la capacidad operativa para atender el volumen de visitantes y la contaminación del agua. A esto se suma la informalidad: la economía de calle da trabajo a miles, pero carece de regulaciones que garanticen condiciones dignas y eviten explotación.

En materia de seguridad, el discurso oficial promete vigilancia y control de aforos. Sin embargo, especialistas en movilidad consultados por este diario advierten que la integración real de transporte público, rutas alternas y atención a personas mayores y con discapacidad aún es insuficiente. Cuando la ciudad se llena, la diferencia entre una celebración segura y un colapso logístico está en la planificación previa y en la transparencia del gasto público.

¿Qué se puede exigir y qué celebrar? Por un lado, defender las ofrendas comunitarias, apoyar a artesanos mediante compra directa y priorizar programas culturales que no privatizan el patrimonio. Por otro, pedir a la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México y a las alcaldías que publiquen con claridad los montos asignados, los criterios de selección de proveedores y las medidas ambientales. Mejorar rutas de transporte, accesibilidad y manejo de residuos son demandas concretas que beneficiarían a residentes y visitantes por igual.

La ciudad tendrá altares, desfiles y miles de historias reunidas en plazas y cementerios. La tarea ciudadana es sencilla: disfrutar con cuidado, apoyar lo local y exigir cuentas. Si la tradición se mantiene viva, que sea también por políticas públicas que la protejan, no por su explotación comercial.

Fuentes: Secretaría de Cultura de la Ciudad de México, Gobierno de la Ciudad de México, Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), reportes vecinales y organizaciones civiles

Con información e imágenes de: informador.mx