Material sacude el mercado: Brett Schultz redefine la feria como forma cultural
La feria que muchos ven como una vitrina comercial se ha convertido, bajo la dirección de Brett Schultz, en un dispositivo cultural que decide qué se lee, cómo se recuerda y qué tipo de escena se construye.
Ciudad de México — Pensar una feria de arte solo como un formato es quedarse en la superficie. Feria Material —que durante más de una década ha venido desafiando ese lugar común— opera hoy como un sistema de decisiones que hace visibles criterios, jerarquías y formas de relación entre obra, contexto y tiempo. Así lo plantea su cofundador y director, Brett Schultz, cuyo trabajo ha movido la feria desde la lógica del escaparate hacia la de una práctica cultural con responsabilidad pública y exigencia crítica.
Una feria con lengua propia
Desde sus inicios, Schultz sostuvo que «la feria no es neutral»: es una forma cultural capaz de producir lectura, fricción y memoria. Esa premisa se traduce en decisiones concretas: priorizar la continuidad de proyectos sobre la novedad efímera; invitar de vuelta a galerías en las que creen y dar espacio a obras en proceso de maduración. Es una apuesta a la paciencia frente a la «validación acelerada» que muchas veces dicta el mercado.
«El descubrimiento, en su mejor versión, es una forma de atención», dice Schultz. Y esa atención, agrega, debe protegerse para evitar que el hallazgo se convierta en un sello de consumo rápido.
Riesgos que cambian las reglas
Material no teme al riesgo: lo sostiene como técnica de trabajo. Pero no cualquier riesgo: hoy el foco está en los riesgos formales e institucionales, aquellos que alteran cómo se lee la obra y cómo se recorre la feria. Un ejemplo tangible —y confesado por el propio equipo— fue el traslado desde Expo Reforma hacia Maravilla Studios, un movimiento estructural que buscó mejorar la experiencia curatorial y la conversación pública, aun sabiendo que crecer implica la posibilidad de fallar.
| Tipo de riesgo | Qué busca cambiar |
|---|---|
| Formal | Cómo se presenta y se entiende la obra |
| Institucional | El formato, la logística y el acceso público |
| Curatorial | Priorizar trayectorias y procesos sobre estrenos constantes |
Entre economía y pensamiento crítico
Material reconoce sus tensiones: no hay fórmula mágica para conciliar la presión comercial con la autonomía crítica. Según Schultz, la independencia no es sinónimo de pureza romántica; se construye con estructura, presupuestos, alianzas y límites claros. Esa madurez ha permitido que la feria actúe no solo como mercado, sino como plataforma para pensar el arte en relación con la ciudad y la sociedad.
Sin embargo, la feria también debe rendir cuentas: ¿hasta qué punto las decisiones curatoriales terminan reproduciendo jerarquías previas? ¿Cómo evitar que la búsqueda de legitimidad derive en exclusión? Material asume estas preguntas y, según su director, responde con iteración pública: experimentar, aceptar fallos y ajustar.
Qué siente quien entra sin formación
Un rasgo distintivo de la propuesta de Schultz es la voluntad de provocar experiencias que no requieran de un vocabulario académico. La intención es generar asombro, curiosidad y una «confusión fértil» que invite a volver a mirar y hacer preguntas. Ese público —el que no pertenece al circuito especializado— es clave para que la feria trascienda su calendario y conecte con el tejido urbano.
Lo que se deja y lo que se gana
La evolución de Material implicó soltar ciertos mitos: renunciar a la idea de reinvención perenne y aceptar la necesidad de estructuras que sostengan la independencia. A cambio, la feria ha ganado memoria, continuidad y la capacidad de acompañar trayectorias. Lo que permanece, insiste Schultz, debe ser la sensación de haber vivido «un corte de tiempo» —una edición que siga resonando después del cierre, con obras y preguntas que persistan.
Balance y desafíos
- Avances: más atención curatorial, apuesta por procesos, apertura hacia públicos diversos.
- Retos: contener la lógica de mercado, ampliar el acceso real y medir el impacto cultural a largo plazo.
- Responsabilidad pública: transformar la feria en plataforma que potencie tejido cultural y no sólo transacciones.
En un país donde la cultura compite por recursos y atención, Feria Material funciona como laboratorio. No es la panacea, pero tampoco es un espectáculo insustancial: es un aceite en las bisagras de la escena, que hace crujir estructuras antiguas y propone ensamblajes nuevos.
Conclusión. Más que un evento en el calendario, Material se presenta como un actor que piensa en plural: galerías, artistas, equipo y ciudad coescriben su presente. La pregunta abierta es si ese modelo resistirá presiones externas —mercado, patrocinios, políticas públicas fluctuantes— sin perder su apuesta por el riesgo reflexionado y la atención sostenida. Si una feria puede cambiar una escena, Material dice: estamos intentándolo.
La invitación es clara: no vayas solo a consumir; ve a mirar, a preguntar y a dejarte incomodar. Ahí es donde la feria demuestra que, además de negocio, puede ser memoria y comunidad.
