En la hora crucial de los presupuestos, uno espera que la letra grande hable de prioridades y la chica de compromisos. Pero, como cada año, la danza presupuestal mexicana se mueve entre auditorías que recomiendan, congresos que ajustan y licitaciones que se cancelan antes de arrancar.
La auditoría, ese oráculo implacable (que a veces nadie escucha)
La Auditoría Superior de la Ciudad de México acaba de emitir 827 recomendaciones (La Jornada, 03/11/2026). Ni ocho ni ochenta: ochocientas veintisiete. El número da vértigo y, de paso, la medida de la distancia entre cómo se gasta y cómo se debería gastar el dinero público. Si a esto sumamos el llamado de la Auditoría Superior de la Federación a que ahora sí se sancione a quien corresponda (La Jornada Estado de México, 03/11/2026), queda claro que, al menos en papel, la fiscalización va en serio. Falta saber si no se queda en la típica letanía de ‘tomen nota’ sin consecuencias.
Recortes: el INE bajo la tijera, los órganos autónomos a la defensiva
Pocas cosas despiertan tanta suspicacia como los recortes al INE en el Presupuesto de Egresos 2027 (El Financiero, 02/11/2026). La pregunta no es solo en qué va a gastar ese dinero reasignado, sino ¿quién gana y quién pierde en la redistribución? La respuesta, como siempre, está en la letra chica: menos recursos para árbitros electorales, más presión sobre la autonomía y, quizás, menos margen para innovar en procesos democráticos. El IECM, por su parte, solicita más de 2 mil 707 millones para las elecciones de 2027 (El Sol de México, 03/11/2026). El tira y afloja apenas comienza.
El Tren que no llega… ni a la línea de salida
En materia de infraestructura, el Tren Querétaro-Saltillo es un caso de estudio: licitación cancelada (El Heraldo de Saltillo, 03/11/2026; vanguardia.com.mx, 02/11/2026) aunque ya había ofertas, y la ATTRAPI —organismo operador— anuncia un nuevo intento con una licitación para el tramo II (T21, 02/11/2026), pero a la vez cancela por «ajuste técnico» un subtramo (El Economista, 03/11/2026). ¿Alguien lleva la cuenta? La opacidad y las idas y vueltas en los procesos licitatorios son el abono perfecto para que florezcan dudas legítimas sobre la planeación y el uso de recursos públicos.
Presupuestos: las promesas y los límites de la participación
Mientras tanto, las discusiones sobre el presupuesto participativo suben de tono: Durango aumenta a 150 millones este rubro para 2027 (El Sol de México, 02/11/2026), y en el Congreso suena bonito eso de hacer el presupuesto con base en propuestas ciudadanas (Portal Liberación, 03/11/2026). Pero la realidad, una vez más, se impone: el Congreso buscará un presupuesto «realista y aplicable» para 2027 (Publimetro México, 03/11/2026). Es decir, lo que alcance después de cubrir los compromisos y de pasar la tijera donde más convenga. La participación ciudadana sigue siendo, más que una herramienta de decisión, un buen deseo en los discursos.
¿Y la letra chica?
La letra chica de este año está en la suma de auditorías ignoradas, recortes estratégicos y licitaciones que se esfuman antes de materializarse. El sistema de cuidados recibe una asignación robusta de 475 mil 960 millones (Revista Fortuna, 02/11/2026), lo cual es un avance en papel, pero habrá que leer la ejecución para saber si esa inversión realmente llega a quienes la necesitan.
En suma, el ciclo de cada año se repite: recomendaciones que se archivan, recortes para unos y aumentos para otros, procesos licitatorios que se cancelan a mitad del camino y promesas de participación ciudadana que rara vez se traducen en cambios reales. Para quienes nos dedicamos a leer la letra chica, el reto sigue siendo separar la paja del trigo y recordar que, en temas de presupuesto, lo que no está claro suele costarnos mucho más caro.

