Amlo advierte que redes sociales ya no son espacios libres: están controladas
Al presentar su libro, el presidente Andrés Manuel López Obrador sostuvo que «antes las redes sociales eran libres y rompieron el cerco informativo, pero ahora están controladas», según reportes de La Jornada. La afirmación reaviva un debate urgente sobre quién decide qué se ve, qué se oculta y cómo eso afecta la vida cotidiana de millones de mexicanos.
La crítica del mandatario apunta a dos realidades que suelen confundirse: por un lado, la concentración de plataformas privadas que administran algoritmos y políticas de moderación; por otro, la capacidad de actores públicos y privados para influir, mediante campañas, bots o acuerdos comerciales, en la circulación de información. Para una persona que busca trabajo, para una PYME que depende de ventas en redes o para una comunidad organizándose por causas locales, ese control no es abstracto: puede significar perder audiencia, visibilidad o voz.
No todo es blanco o negro. Las redes en sus inicios funcionaron como ventanas que rompieron monopolios informativos; permitieron denunciar injusticias y articular movimientos. Pero esa misma apertura facilitó la difusión de desinformación, discursos de odio y formas de manipulación. Por eso, aún cuando la denuncia de Amlo resalta un problema real, conviene preguntarse quiénes ejercen ese control y con qué fines.
Desde una postura de centro-izquierda crítica, hay que reconocer que la regulación y la transparencia de las plataformas pueden ser herramientas legítimas para proteger derechos, siempre que se diseñen con garantías democráticas: controles independientes, criterios claros para la moderación, rendición de cuentas y protección a periodistas y voces disidentes. Al mismo tiempo, cualquier intento de control por parte del Estado que carezca de frenos puede derivar en censura y en la restricción de derechos.
La solución no pasa por demonizar las redes ni por dejarlas en manos exclusivas de gigantes tecnológicos. Pasa por políticas públicas que impulsen la alfabetización digital, obliguen a las plataformas a transparentar algoritmos y publicidad política, y fortalezcan organismos autónomos para supervisar incidencias. También implica fomentar medios comunitarios y cooperativas digitales que devuelvan a la ciudadanía parte del espacio perdido.
En suma, la alerta de Amlo pone sobre la mesa una discusión de fondo: cómo equilibrar libertad de expresión, integridad informativa y responsabilidad en un ecosistema dominado por unos pocos. Si se convierte en un llamado a herramientas democráticas y no en un pretexto para controlar voces críticas, la sociedad puede salir fortalecida. Si se usa como justificante para concentrar más poder, el riesgo será el cierre de la misma ventana que una vez abrió la posibilidad de escucharnos.

