Acuerdo global de mares sacude a la economía: 2 billones en juego y México entre 85 firmantes

Por: Redacción

Desde enero entró en vigor el Tratado de Alta Mar —conocido como BBNJ, por sus siglas en inglés— y su impacto promete ser tan profundo como una tormenta en alta mar. Adoptado en el marco de la ONU y respaldado técnicamente por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), el convenio pone reglas claras en zonas fuera de las 200 millas náuticas, donde se juega una porción clave de una economía oceánica que supera los 2 billones de dólares anuales.

Qué significa esto en la práctica

  • Se establecen evaluaciones ambientales obligatorias para actividades en alta mar.
  • Se crea un mecanismo de cooperación científica y de intercambio de datos.
  • Se fijan normas comunes sobre conservación, acceso y reparto de beneficios derivados de recursos genéticos marinos.
  • Se impulsan mecanismos de gobernanza que reducen riesgos jurídicos, financieros y reputacionales para empresas e inversores.

Como sintetizó Susan Gardner, directora de la División de Ecosistemas del PNUMA: “el tratado representa el primer instrumento jurídicamente obligatorio para conservar y utilizar de manera sostenible la biodiversidad marina en áreas situadas más allá de la jurisdicción nacional”. La funcionaria añade que, ante la fragmentación regulatoria y la falta de datos, el acuerdo otorga predictibilidad: “ayuda a que las empresas planeen sus inversiones y desarrollen casos de negocio más sólidos”.

Ganadores y riesgos: quién gana y quién debe cuidarse

El tratado es una buena noticia para quienes buscan estabilidad: bancos, aseguradoras, fondos de inversión y empresas marinas —desde la acuicultura hasta la biotecnología— obtienen reglas más claras para evaluar proyectos a largo plazo. También abre la puerta a financiamiento bajo criterios ESG y aceleraría la llamada economía azul, que busca combinar crecimiento y protección ambiental.

Pero no todo es aplauso. Entre los principales retos están la vigilancia y la aplicación efectiva de las normas en zonas remotas, la financiación para países en desarrollo que deben adaptarse, y la necesidad de capacidades científicas para cumplir con evaluaciones ambientales rigurosas. Sin mecanismos de cumplimiento sólidos, las reglas corren el riesgo de quedarse en buenas intenciones.

Sector Impacto esperado
Pesca industrial Mayor obligación de evaluaciones y límites; reducción de actividades no reguladas fuera de la EEZ
Turismo y pesca artesanal Beneficios por salud de ecosistemas; posibles restricciones en zonas protegidas
Biotecnología marina Reglas claras sobre acceso y reparto de beneficios; oportunidades y requisitos administrativos
Finanzas e inversión Menos riesgo regulatorio y mejor acceso a instrumentos verdes; demanda de transparencia

¿Qué gana México?

México figura entre las 85 naciones que ratificaron el tratado, lo que le da voz en las decisiones futuras y acceso a cooperación científica y recursos para monitoreo. Sectores clave del país —turismo de playa, pesca y la incipiente biotecnología marina— pueden beneficiarse de mayor certeza regulatoria. Además, el país participa en iniciativas complementarias como el proyecto TEEB Agrifood Cacao del PNUMA y la Secretaría de Agricultura (SADER), que busca fortalecer la resiliencia agrícola y demostrar cómo la información ambiental y económica puede mejorar ingresos y conservar biodiversidad en tierra firme.

Gardner enfatiza que el tratado no busca “facilitar la explotación sin límites”: “La alta mar es la herencia común de la humanidad. Todos tenemos derecho a los beneficios de los recursos que se encuentran allí, pero también la responsabilidad de manejarlos de manera sostenible para las futuras generaciones”.

Lo que sigue: calendario y decisiones clave

  • En los próximos meses se celebrará un encuentro preparatorio en la sede de la ONU en Nueva York para afinar detalles técnicos.
  • Dentro de un año se celebrará la primera Conferencia de las Partes (COP), donde se definirá el funcionamiento del secretariado, el mecanismo de intercambio científico, los procesos de evaluación ambiental y las reglas de implementación y reporte.

Advertencias y recomendaciones

El tratado abre oportunidades, pero exige preparación. México debe:

  • Fortalecer capacidades científicas y de monitoreo para cumplir evaluaciones ambientales.
  • Incentivar a la industria a adaptar proyectos a estándares ESG y a la nueva regulación.
  • Garantizar transparencia en la gestión de recursos genéticos marinos y en el reparto de beneficios.
  • Incluir a comunidades costeras y sectores productivos en la implementación para evitar impactos sociales negativos.

En resumen: la entrada en vigor del Tratado de Alta Mar puede ser un ancla de estabilidad para una economía oceánica valuada en más de 2 billones de dólares, pero solo si los países traducen las reglas en acción efectiva. Es una oportunidad para que gobiernos, empresas y sociedad civil naveguen juntos hacia un modelo que proteja el océano y, de paso, asegure negocios y medios de vida para las próximas generaciones.

Fuentes: Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA); Organización de las Naciones Unidas (ONU); declaraciones de Susan Gardner, directora de la División de Ecosistemas del PNUMA.

Con información e imágenes de: Milenio.com