Abelina lópez niega desfalco por 282 mdp y reta a la ASF
Alcaldesa de Acapulco sostiene que las observaciones de la Auditoría Superior de la Federación son indicios, no sentencia; pide pruebas y transparencia
La alcaldesa de Acapulco, Abelina López, salió al paso de las observaciones que la Auditoría Superior de la Federación (ASF) señala por un presunto desvío de 282 millones de pesos y negó de manera tajante que exista un desfalco consumado. En declaraciones públicas, la edil sostuvo que las notas de la ASF son instrumentos técnicos que no equivalen a una sentencia y desafió a sus críticos a presentar pruebas concretas.
La reseña de la ASF sobre la cuenta pública plantea irregularidades en el manejo de recursos que, según el órgano auditor, requieren aclaración. Eso no es menor: 282 millones de pesos representan, para una ciudad como Acapulco, partidas que podrían cubrir programas sociales, mantenimiento urbano o servicios básicos durante meses. Es precisamente ese impacto tangible —las calles sin baches, la limpieza de playas, la seguridad en barrios vulnerables— lo que hace que la discusión trascienda la tecnocracia y toque la vida cotidiana de la gente.
La postura de López ha sido doble. Por un lado, rechaza la narrativa de que se haya cometido un ilícito y pide que se respeten los procedimientos administrativos para solventar las observaciones. Por otro, lanzó un reto político: acusó a opositores de usar el informe de la ASF como arma de desgaste y demandó a la Auditoría que haga pública la documentación que sustente sus hallazgos. Fuentes oficiales citadas por la propia alcaldía sostienen que ya se trabaja en la entrega de información para aclarar partidas y contratos.
El debate no es solo técnico. Para organizaciones ciudadanas y colectivos locales, la respuesta debe ser una mezcla de transparencia y remedios concretos. Si hubo errores administrativos, la reparación debe ser pública y los responsables, sancionados. Si se trata de errores formales o diferencias de interpretación contable, la explicación tiene que llegar a la ciudadanía en un lenguaje claro, con documentos accesibles y tiempos precisos.
La situación también abre una reflexión política: en un contexto donde la rendición de cuentas es una demanda creciente, la transparencia no puede ser un acto defensivo sino una política proactiva. La ASF cumple su papel como fiscalizador; la autoridad municipal tiene el deber de responder con pruebas, calendarios y resultados verificables. Mientras tanto, la sospecha —sea fundada o no— erosiona la confianza en la gestión pública y reduce el capital político necesario para atender problemas urgentes en Acapulco.
Desde una mirada crítica y de izquierda, la prioridad debe ser proteger los bienes públicos y garantizar que recursos que podrían mejorar educación, salud local o infraestructura no se diluyan en disputas políticas. La administración de Abelina López tiene la oportunidad de convertir esta controversia en una lección: abrir expedientes, facilitar auditorías ciudadanas y publicar contratos y facturas en formatos reutilizables para que activistas y académicos puedan revisarlos.
La ASF permanece como la fuente técnica del señalamiento; la alcaldesa como la principal interlocutora con la ciudadanía. Lo que sigue es un proceso técnico y político que debería resolverse con claridad documental y participación pública. Los acapulqueños, mientras tanto, miran si ese dinero aparece en obras y servicios o si la disputa queda en palabras y defensas públicas.

