Acapulco brilla para turistas mientras barrios quedan a oscuras y sin agua

Ocupación hotelera en alza, fotos de postal y un gobierno que celebra; en las colonias la realidad es otra: cortes de luz, pipas insuficientes y miedo diario.

Acapulco volvió a llenarse de visitantes esta Semana Santa. “La ocupación habitacional está prácticamente al 87%. ¡La recuperación va por muy buen camino!”, celebró Simón Quiñones, secretario de Turismo del Estado, y la costa se vio otra vez llena de sombrillas, restaurantes repletos y paseos en lancha. Pero la fiesta turística se levanta sobre un paisaje fragmentado: barrios sin servicios básicos, viviendas dañadas por un sismo y dos huracanes recientes, y una comunidad que sigue pagando la cuenta por políticas públicas que priorizan la imagen sobre la vida cotidiana.

La recuperación económica que señalan las autoridades tiene dos caras. En las zonas turísticas la inversión privada reluce: hoteles reabiertos, promoción nacional e internacional y contratos que mueven empleos temporales. Al mismo tiempo, en colonias populares de la periferia, vecinos siguen sin agua por días, convivien con cortes de luz frecuentes y temen por la seguridad en las calles. La postal no coincide con la realidad.

Indicador Situación
Ocupación hotelera Alrededor del 87% según la Secretaría de Turismo
Acceso a servicios Cortes de agua y luz reportados en numerosas colonias; suministro por pipas es intermitente
Seguridad Persisten delitos violentos y percepción de inseguridad en la población local

“Aquí la mejor vista la ven los turistas; nosotros seguimos esperando una llave que sirva”

“Llevamos meses sin agua constante. Cuando viene la pipa, es a cuenta gotas. ¿Y mientras tanto? Los turistas se bañan en el hotel”, dice María, vecina de la colonia Zapata, que pide no usar su apellido. En otra esquina, Don Luis, pescador de 58 años, señala: “Se gastan millones en arreglar la playa y no le meten presupuesto a nuestras calles ni a la clínica de la colonia. Si nos enferman, vamos a Acapulco Viejo o a Pie de la Cuesta por cuenta propia”.

Estos testimonios coinciden con reportes periodísticos y reclamos vecinales que han aumentado tras los desastres naturales y el desgaste de la infraestructura: huracanes que arrasaron rutas y energía, y un sismo que dejó viviendas con grietas y familias en espera de reconstrucción. Para muchos, la recuperación se siente como un parche cosmético: se pinta la postal, pero no se remienda la casa.

Prioridades públicas: promoción turística frente a obligaciones básicas

El Gobierno del Estado ha apostado por la reactivación del turismo como motor económico. La estrategia ha funcionado en términos de ocupación y movimiento comercial. Sin embargo, la ausencia de un plan paralelo y auditable para restituir servicios públicos esenciales ha dejado a la vista una contradicción: celebrar la llegada de turistas mientras un número importante de habitantes enfrenta carencias elementales.

Expertos en desarrollo urbano y organizaciones locales han señalado la necesidad de combinar promoción con inversión social: rehabilitación de redes de agua y drenaje, renovación del alumbrado público, programas de vivienda y atención a daños por huracanes y sismos, así como estrategias de seguridad ciudadana que protejan tanto a visitantes como a residentes.

  • Impacto económico positivo: empleos en hoteles, restaurantes y actividades recreativas; recuperación de ingresos fiscales ligados al turismo.
  • Impacto social negativo: aumento de brechas entre zonas turísticas y residenciales, falta de servicios básicos y sensación de abandono en comunidades.
  • Riesgo reputacional: enfrentar emergencias (como apagones prolongados o falta de agua) puede afectar la percepción turística a mediano plazo.

Seguridad y violencia: la otra sombra de la fiesta

La perla del Pacífico no solo batalla con infraestructura: la inseguridad sigue siendo una preocupación real para quienes viven aquí. Aunque la presencia de visitantes puede bajar la percepción de riesgo en zonas céntricas y de playa, fuera de esos corredores la violencia y la delincuencia siguen mermando la calidad de vida. La estrategia gubernamental, dicen críticos, ha puesto demasiado énfasis en atraer visitantes y poco en la prevención del delito y la justicia social.

Qué falta y qué pedir

Para que la recuperación sea auténtica y sostenible, expertos y vecinos coinciden en medidas concretas:

  • Planes de inversión transparentes y con plazos para restituir agua potable, luz y drenaje en las colonias afectadas.
  • Programas de reconstrucción de vivienda con prioridad en las familias afectadas por sismos y huracanes.
  • Estrategias integrales de seguridad que no solo patrullen las avenidas principales, sino que atiendan a las colonias con mayor violencia.
  • Mecanismos de rendición de cuentas para que los recursos destinados a la recuperación se muestren y auditen públicamente.
  • Participación ciudadana real: comités vecinales que formen parte de la toma de decisiones para que la reparación responda a prioridades locales.

Conclusión

Acapulco puede lucir bien en la postal de Semana Santa, pero la mejor postales será la que muestre calles con agua de grifo, alumbrado público y escuelas abiertas sin miedo. Los turistas vuelven y el dinero circula, pero la urgencia es que esa reactivación alcance también a quienes mantienen viva la ciudad cuando se apagan las luces de los resorts. Si no, la recuperación será un maquillaje que resalta la sonrisa de la imagen turística —y oculta, bajo la superficie, la desesperación de quienes no tuvieron voz en la reconstrucción.

Reportaje: testimonios de vecinos, declaraciones oficiales de la Secretaría de Turismo del Estado y recorridos por colonias afectadas durante la Semana Santa.

Con información e imágenes de: elpais.com