Sus escuelas sin ellas: qué pasa en los planteles cuando las mujeres se ausentan el 9 de marzo

Así se vive el día sin nosotras en las aulas

Este 9 de marzo muchas comunidades educativas vuelven a enfrentar una prueba directa: la iniciativa “un día sin nosotras”, impulsada desde 2020 para visibilizar la ausencia forzada por la violencia de género, deja notar en las escuelas el tamaño real del problema. Es como apagar la luz de la mitad de una ciudad: se ve de golpe lo que sostenía el día a día.

La finalidad de la movilización es clara y sencilla: demostrar el impacto social, económico y afectivo de la ausencia de mujeres. En los planteles esto se traduce en escenarios diversos, que van desde jornadas de reflexión hasta cambios en la operación escolar.

  • Ausencia de alumnas y docentes: muchas chicas y maestras deciden no acudir ese día. En ocasiones la falta provoca que se reprogramen actividades o que compañeros y docentes varones asuman responsabilidades adicionales.
  • Actividades educativas alternativas: algunos colegios aprovechan la fecha para dar charlas sobre prevención de violencia de género, talleres de prevención y talleres de educación emocional. Es una forma constructiva de convertir la ausencia en aprendizaje.
  • Suspensión parcial o total de clases: hay planteles que optan por cerrar o reducir horario ante la alta ausencia, lo que genera discusiones sobre el derecho a la protesta frente al derecho a la educación.
  • Conflictos y decisiones administrativas: en ciertas escuelas se solicita justificación de faltas o hay presión para asistir; en otras, se concede tolerancia y actividades con enfoque de género.

Impactos: luz y sombra

Lo positivo: el día obliga a hablar en voz alta sobre la violencia contra las mujeres, a revisar protocolos escolares y a medir cuánto reside en la cotidianeidad el trabajo invisible de madres, profesoras y trabajadoras.

Lo negativo: la ausencia también puede complicar la logística familiar, interrumpir la continuidad académica de quienes deciden no faltar por motivos personales o económicos, y exponer a alumnas y docentes a presiones institucionales si no hay criterios claros por parte de autoridades escolares.

Qué pueden hacer las escuelas (y las familias)

Situación Recomendación práctica
Alumnas faltan por decisión personal Ofrecer actividades alternativas no punitivas y materiales para no perder el hilo educativo; respetar la decisión informada de las familias.
Docentes ausentes Contar con reemplazos o agendas flexibles; aprovechar para dar talleres sobre prevención y convivencia.
Presión para asistir o sanciones Las autoridades deben emitir criterios claros: garantizar derechos y evitar sanciones que limiten la protesta ciudadana.
Plantel decide cerrar Comunicar con anticipación a las familias y ofrecer alternativas de seguimiento académico.

Qué deben saber padres y tutores

Antes del 9 de marzo conviene preguntar a la dirección del plantel cuál será el protocolo, si habrá actividades con perspectiva de género y cómo se tratarán las faltas. La participación debe ser voluntaria: ni coacción ni sanción. Si hay dudas sobre la protección de estudiantes, reclamar información a autoridades educativas locales.

Contexto y fuentes: esta nota considera la evolución de la iniciativa “un día sin nosotras” desde 2020 y reportes de organizaciones feministas y medios que han cubierto las repercusiones en escuelas. El objetivo es ofrecer una brújula para padres, docentes y autoridades: la ausencia del 9 de marzo es un termómetro social; las escuelas pueden elegir usarlo para diagnosticar y transformar.

Conclusión: el 9 de marzo pone a prueba la capacidad de las escuelas para escuchar, adaptarse y educar. Quien no vea la magnitud de la ausencia corre el riesgo de seguir normalizando la violencia; quien la use para abrir diálogo, habrá ganado una oportunidad de cambio.

Con información e imágenes de: Heraldodemexico.com.mx