Anticorrupción desafía a Transparencia Internacional: «Tenemos otros datos» mientras México sigue en los sótanos

La Secretaría Anticorrupción y de Buen Gobierno (SABG) cuestiona la medición internacional que ubica a México con 27 puntos y en el lugar 141 de 182; dice que la realidad cotidiana y encuestas nacionales pintan otro panorama.

La pelea por quién tiene la verdad sobre la corrupción en México se volvió pública. Transparencia Internacional publicó su Índice de Percepción de la Corrupción (IPC), donde México aparece con 27 puntos —una nota que lo mantiene en los puestos más bajos del ranking mundial— y la Secretaría Anticorrupción y de Buen Gobierno (SABG) contestó que esos números no reflejan la experiencia diaria de la mayoría de los mexicanos.

En su comunicado la dependencia pidió «interpretar con cautela los resultados» y afirmó que el IPC recoge principalmente la opinión de empresarios, analistas de riesgo y expertos, mientras que las encuestas nacionales con representatividad muestran una reducción gradual en prácticas indebidas y un aumento en la confianza hacia el gobierno nacional.

Datos en disputa

Indicador Resultado citado Fuente
IPC (puntuación) 27 de 100 Transparencia Internacional (edición más reciente)
Posición global 141 de 182 países Transparencia Internacional
Mejora respecto a 2024 +1 punto (de 26 a 27) SABG
Percepción de corrupción (frecuente/muy frecuente) 83.1% en 2023 (máximo histórico 91.1% en 2017) ENCIG, INEGI
Tasa de prevalencia De 15.7 a 14.0 mil personas por cada 100 mil (2019–2023) ENCIG, INEGI
Confianza en gobierno nacional 54% (México) vs 39% promedio OCDE Encuesta OCDE citada por SABG

¿Por qué difieren los números?

  • Metodologías distintas. Transparencia Internacional combina percepciones de expertos y datos de instituciones internacionales; la ENCIG del INEGI es una encuesta representativa de hogares que mide experiencia y percepción ciudadana.
  • Distancia entre élites y ciudadanía. La SABG habla de una «brecha» entre la opinión de sectores especializados y la experiencia cotidiana. Es como tener dos termómetros midiendo la misma fiebre: uno en la élite y otro en la calle.
  • Indicadores ausentes. La Secretaría reprochó que el IPC no incorporó el indicador de Bertelsmann Foundation Sustainable Governance, que según la SABG históricamente favorece al país y cuya omisión habría afectado el puntaje.

Lo que está en juego

Más allá del intercambio de datos, la disputa tiene consecuencias concretas. Un puntaje bajo en índices internacionales se traduce en menos confianza de inversionistas, mayor percepción de riesgo y un freno a la llegada de capital. Pero para la mayoría de la población lo que importa es si hay menos sobornos, trámites más transparentes y más acceso a servicios públicos sin corrupción.

Los números citados por la SABG muestran avances modestos: una reducción en la percepción de corrupción desde 2017 y descensos en tasas de prevalencia e incidencia de prácticas indebidas entre 2019 y 2023. Sin embargo, observar que 83 de cada 100 personas siguen pensando que la corrupción es frecuente deja claro que el problema no está resuelto.

Qué falta y qué se debe exigir

  • Mayor transparencia metodológica: que Transparencia Internacional, la SABG y otras instituciones expliquen en detalle por qué sus mediciones divergen.
  • Datos combinados y públicos: cruzar encuestas representativas (como ENCIG) con evaluaciones de expertos para tener un diagnóstico más completo.
  • Acciones visibles y medibles: juicios claros, sanciones, simplificación de trámites y medidas que reduzcan el contacto discrecional entre ciudadano y funcionario.
  • Participación ciudadana: denunciar, vigilar y exigir rendición de cuentas para convertir percepciones en cambios reales.

La conclusión

La controversia entre la SABG y Transparencia Internacional no es solo un choque de cifras; es la expresión de un país que avanza a pasos lentos y desparejos. Los datos nacionales muestran señales de mejora, pero la imagen internacional sigue empapada de escepticismo. Si México quiere salir realmente de los sótanos del ranking hará falta que las instituciones no solo debatan números, sino que demuestren resultados tangibles en la vida cotidiana: menos trámites corruptos, más justicia, y servicios públicos que respondan sin sobornos ni atajos.

La disputa está servida: no se trata solo de quién tiene la razón, sino de qué medidas concretas vamos a exigir para que la percepción y la realidad converjan hacia la transparencia.

Con información e imágenes de: Milenio.com