Sin lugar seguro: ucraniano narra apagones de hasta 10 horas en pleno invierno

“Es el peor invierno en 20 años… ahora no hay ningún lugar seguro”, resume Vadim, habitante de Ucrania, en una breve pero estremecedora crónica sobre los cortes masivos de electricidad que azotan al país mientras las temperaturas caen hasta los 30 grados bajo cero.

Ucrania enfrenta una de las olas de frío más duras de las últimas dos décadas en medio de una nueva ofensiva rusa dirigida a la infraestructura energética. En los últimos días los bombardeos nocturnos alcanzaron instalaciones clave del sistema eléctrico; más de 95 mil personas se quedaron sin suministro en la región de Odesa, según reportes locales. El presidente Volodímir Zelenski informó que brigadas de emergencia trabajan para restablecer el servicio y estabilizar la red, y las autoridades pidieron limitar el consumo ante la presión sobre el sistema y las temperaturas extremas.

La experiencia cotidiana, sin embargo, se parece cada vez menos a una estadística y más a una prueba de supervivencia. Vadim contó a Alejandro Domínguez, de MILENIO Televisión, que los cortes son ahora parte de la rutina: “recibimos una hora o una hora y media de luz por cada nueve o diez horas sin servicio”. La destrucción de estaciones de distribución y plantas de calefacción central —objetivos repetidos en ataques con drones y misiles de crucero— deja a barrios enteros sin calefacción, agua y comunicación en las noches más frías.

Impacto humano y de servicios

  • Calefacción y agua: En edificios altos, la falta de electricidad impide el funcionamiento de bombas y sistemas centralizados; muchos residenciales quedan sin agua caliente ni calor.
  • Transporte: El transporte eléctrico, incluido el metro en ciudades como Kiev, opera de forma intermitente gracias a generadores importados por países europeos; los viajes pueden tardar el doble o triple en horas punta.
  • Salud y servicios críticos: Hospitales y centros de atención dependen de generadores o baterías; la provisión sostenida es cara y limitada, lo que aumenta el riesgo para pacientes y servicios básicos.
  • Economía doméstica: Familias recurren a estufas de leña, baterías y brigadas vecinales para cocinar, calentar y cargar teléfonos; quienes viven en viviendas totalmente eléctricas están en desventaja extrema.

Vadim vive en una casa pequeña sin gas y ha improvisado con baterías y una estufa de leña. “Prácticamente toda la estructura de distribución eléctrica y de calefacción central ha sido destruida”, dijo. Aunque las defensas ucranianas interceptan parte de los proyectiles, admiten que no logran frenar todos los ataques. Mapas de alertas aéreas muestran amplias zonas en rojo durante la noche y las sirenas obligan a buscar refugio incluso cuando ya no hay calefacción en la vivienda.

Datos, responsabilidades y matices

Las autoridades ucranianas y medios locales estiman que una proporción muy significativa de la infraestructura energética ha sido dañada; algunas fuentes citan cifras de hasta 90% en áreas concretas de distribución, pero estos porcentajes varían según la zona y la etapa de reparación. Moscú justifica los ataques argumentando que los objetivos respaldan el esfuerzo bélico ucraniano; Kiev y aliados occidentales califican estas acciones como ataques contra población civil y servicios esenciales.

Problema Consecuencia inmediata Respuesta observada
Destrucción de subestaciones Apagones prolongados, caída de redes de calefacción Brigadas de reparación, racionamiento de consumo
Ataques nocturnos con drones y misiles Incertidumbre y refugio frecuente Alertas aéreas, refugios temporales, generadores
Falta de gas en viviendas Dependencia total de la electricidad Estufas de leña, baterías portátiles

Cómo se están adaptando las comunidades

  • Organización vecinal para compartir combustible y calentar espacios comunes.
  • Distribución de generadores y baterías por parte de países aliados, permitiendo la operación parcial de servicios clave.
  • Campañas gubernamentales para racionar electricidad y priorizar hospitales y servicios críticos.

A pesar del desgaste, el testimonio de Vadim recoge también una determinación social: “Rusia quiere que Ucrania deje de existir como país independiente. Aunque sufrimos frío y apagones, sabemos que está en juego nuestra existencia”. Esa mezcla de resiliencia y fatiga es el pulso del país cuatro años después del inicio de la invasión a gran escala.

Qué falta y qué puede ayudar

Las soluciones son simultáneamente técnicas y políticas: reparación acelerada de subestaciones, líneas de suministro alternativas, mayor envío de generadores y combustible por parte de aliados, y protección internacional más firme de la infraestructura civil. Al mismo tiempo, la transparencia sobre daños y prioridades de reparación y un plan de contingencia social —calefactores comunitarios, refugios, suministros médicos— son urgentes para evitar más muertes por frío.

Ucrania no solo necesita cables y transformadores, necesita cordura política y solidaridad internacional que reconozca que atacar la red eléctrica equivale a atacar a la población civil. En la práctica diaria, mientras la red tiembla, las personas como Vadim improvisan, resisten y cuentan historias que convierten cifras en rostros y temperaturas en amenazas reales.

Fuentes: entrevista con Alejandro Domínguez para MILENIO Televisión; declaraciones del presidente Volodímir Zelenski; informes y comunicaciones de autoridades locales ucranianas.

Con información e imágenes de: Milenio.com