Eugenio derbez, el coreógrafo olvidado de Flans: la anécdota que nadie esperaba
De actor oscarizado a bailarín de fango: cómo una placa en el Teatro Insurgentes confirma una etapa desconocida del comediante.
Que Eugenio Derbez sea hoy un nombre reconocido mundialmente —recordado también por su papel en CODA, la película que ganó el Oscar en 2022— no significa que su camino haya sido de privilegio automático. Hijo de la icónica actriz Silvia Derbez, el comediante de 64 años contó en una charla con El Capi Pérez para el podcast ¿Qué le importa a…? una etapa poco difundida: fue coreógrafo y actor en los orígenes del grupo pop Flans.
La revelación tiene sabor a confesión y a reivindicación. Derbez recordó que, a inicios de los ochenta, cuando “andaba picando piedra y que nadie me iba a ver”, la productora Mildred —la misma que impulsó a Flans— le pidió sumarse a un proyecto que en principio no pretendía ser un grupo musical sino un programa de televisión sobre un grupo de fans que luego formarían una banda. Según Eugenio: «Ahí me contratan como coreógrafo porque en ese entonces estaba metido en el baile, era bailarín».
El también narró que fue contratado para aparecer como uno de los actores del programa y señaló como prueba una placa en el Teatro Insurgentes que acredita su participación en la obra Yo y mi chica. En tono de broma, retó a El Capi: «Ve al Teatro Insurgentes y busca la placa… y ahí me vas a ver donde dice bailarines».
Lo que cuenta esta anécdota
- Flans no nació exactamente como el trío pop que la memoria popular recuerda: la idea inicial era un programa televisivo y el grupo emergió del mismo proyecto.
- Eugenio Derbez transitó por la danza y el teatro musical antes de hacerse famoso en la comedia y el cine, lo que explica su habilidad escénica y su versatilidad actual.
- En sus primeros planes Flans tendría una alineación distinta: Derbez recuerda que Ivonne fue su compañera en la escuela de cine y que Ilse entró “de chiripa” para reemplazar a Amparín Serrano, la creadora de Distroller, quien al final no participó.
Contexto y significado
La anécdota sirve para recordar dos cosas: primero, que la industria del entretenimiento está llena de oficios poco visibles —como coreógrafos y bailarines— que sostienen el espectáculo y rara vez salen en los titulares. Segundo, que trayectorias hoy exitosas como la de Derbez pasan por “picar piedra”: trabajar en proyectos pequeños, ser parte del equipo creativo detrás de otros en crecimiento y aguantar la inestabilidad hasta lograr despegue.
Flans, con sus canciones y coreografías, marcó la cultura pop mexicana de los ochenta y noventa; que figuras como Derbez hayan participado en sus inicios añade una capa humana a esa memoria: el talento se recicla, se camufla y, muchas veces, se reivindica años después.
¿Qué se puede aprender?
- Reconocer a los trabajadores culturales: bailarines, coreógrafos y técnicos merecen créditos y memoria pública.
- Las carreras artísticas rara vez son lineales; los caminos tortuosos también forman artistas completos.
- Instituciones culturales y teatros deben documentar y preservar créditos para que historias como esta no se pierdan.
Línea del tiempo rápida
| Año aproximado | Evento |
|---|---|
| Principios de los 80 | Eugenio Derbez trabaja como bailarín y es contratado por Mildred para un proyecto televisivo que derivaría en Flans; participa como coreógrafo y actor. |
| Décadas siguientes | Flans se consolida como grupo pop; Derbez avanza en teatro, televisión y cine hasta alcanzar reconocimiento internacional. |
| 2022 | La película CODA, con participación estelar de Derbez, gana el Premio Oscar, consolidando su fama global. |
Fuentes
La información proviene de la entrevista de Eugenio Derbez con El Capi Pérez en el podcast ¿Qué le importa a…?, declaraciones públicas del propio Derbez y el registro mencionado en el Teatro Insurgentes que el actor citó como prueba de su paso por los musicales.
En una industria donde la memoria suele privilegiar a las estrellas, esta revelación pone el foco en las capas ocultas del espectáculo: los que ayudan a construir el brillo y rara vez lo reciben. Derbez lo contó entre risas, pero su anécdota exige un reconocimiento serio: la cultura se sostiene con muchas manos y merece que se les nombren.
