Solaz estalla en la Semana del Arte: danza sin vergüenza, público que se sube al escenario y un llamado a romper el miedo

Por: Redacción cultural

Ante un beat electrónico que golpea como un martillo constante, ella se abre paso entre veinte cuerpos: sonríen, sudan, la miran. A veces salta, a veces se derrumba en el piso; alguien más recoge la posta y el ritual continúa. Es la escena inaugural de SOLAZ, el performance del coreógrafo español Antonio Ruz que, tras estrenarse en 2024 en Matadero Madrid, llega por primera vez a México dentro de la Semana del Arte 2026.

La pieza —presentada en un ensayo abierto en el Espacio X del Centro Cultural de España— no es un espectáculo al uso: es una invitación explícita a soltarse. «Es como un viaje de los sentidos que invita a la danza, a cuestionarse qué pasa con nuestro cuerpo, y es muy libre de interpretar», dice Antonio Ruz a MILENIO desde el ensayo. Ruz, ganador del Premio Nacional de Danza de España en 2018 en la modalidad de Creación, describe SOLAZ como «intuitiva, fresca, descarada»; una parte suya «que juega, que baila, que es cachondo, que le gusta la piel».

Más allá del erotismo y la transgresión, lo que conmueve es la lógica comunitaria: veinte bailarines de México, España, Colombia, Estados Unidos y Costa Rica comparten el piso, y al final la pieza se abre para que el público también ocupe el escenario. El resultado es una atmósfera en la que «el ego se disuelve», dice Esteban Silva, responsable de Diseño y comunicación de Ruta del Castor, la organización que gestionó la llegada de SOLAZ a México.

Ruta del Castor: apuesta contra la precariedad

Ruta del Castor, fundada en 2017 por Andrea de la Torre y Sofia Casarin, trabaja con comunidades en situación de vulnerabilidad y procura que el arte sea un espacio de diálogo real. Para traer SOLAZ a México la organización trabajó durante año y medio en la recaudación de recursos: «El eje era darle lo justo al elenco, las condiciones óptimas y un encuadre seguro», explica Esteban Silva. En tiempos de precarización cultural, apostar por pagar y cuidar a las y los intérpretes es, en sí, una propuesta política.

El proyecto en México contó además con colaboradores clave: el productor musical español Aire y la diseñadora de vestuario Gabrielle Venguer. Su trayectoria y la internacionalidad del elenco refuerzan la magnitud del montaje, que según su creador «es gigante» y requiere de mucha gente detrás.

Qué hace que SOLAZ duela y cure al mismo tiempo

  • Inclusión corporal: la obra coloca el cuerpo como territorio político y emocional. Al invitar al público a entrar, cuestiona quién puede ocupar los espacios públicos y artísticos.
  • Contra el miedo: Ruz lo dice sin rodeos: «En estos tiempos, ¿no es político juntarte con un espacio a vibrar a través de la música y cuerpos tan diversos, sin complejos ni vergüenzas? Es una apuesta contra el miedo. ¡Libérense!»
  • Redes y cuidado: al insistir en condiciones dignas de trabajo —pagos, espacios seguros— Ruta del Castor pone una pieza relevante en el tablero: la sostenibilidad del arte pasa por remunerar y proteger a quienes lo hacen posible.

Críticas y retos

No todo es celebración. Llevar al público a la acción plantea desafíos reales: seguridad física en el escenario, consentimiento informado de quienes suben a bailar, accesibilidad para personas con discapacidades y vigilancia para evitar explotación o exposición no deseada. Además, aunque instituciones apoyen, el financiamiento sigue siendo fragmentario: la pieza llegó tras un largo esfuerzo de recaudación que evidencia la fragilidad del ecosistema cultural.

En clave política, SOLAZ interpela los recortes y la precariedad del sector creativo: es una lección que exige políticas públicas más robustas para cultura, espacios públicos de encuentro y programas que prioricen el trabajo colectivo y la salud integral de artistas y audiencias.

Dato Detalle
Estreno 2024 en Matadero Madrid
Elenco 20 bailarines de México, España, Colombia, EU y Costa Rica
Gestión en México Ruta del Castor (fundada 2017); recaudación: 1.5 años
Colaboradores Productor Aire; vestuario Gabrielle Venguer

Un llamado

SOLAZ no solo pretende divertir: reclama espacios donde el cuerpo pueda expresarse sin culpa y donde la comunidad se reconozca. Si algo deja claro su paso por la Semana del Arte es que la cultura puede ser motor de transformación social, siempre que exista voluntad política y recursos sostenibles. Asistir, exigir mejores políticas culturales y apoyar iniciativas comunitarias son hábitos ciudadanos tan necesarios como el propio latido de la electrónica que marca el pulso de SOLAZ.

«Soy optimista, soy realista y a veces pesimista. Pero creo que tengo una misión: una búsqueda constante de la belleza y la esperanza», dice Ruz. No es solo un deseo estético: es una apuesta por recuperar lo colectivo, por juntar cuerpos y voluntades en tiempos que presionan para aislarnos.

Con información e imágenes de: Milenio.com