De rusia a méxico: la ruta del petróleo que mantiene a Cuba al borde del apagón
Un mapa de proveedores, cifras y el riesgo de sanciones que podrían ahogar la isla
La gasolina y el diésel no son solo combustibles para Cuba: son el oxígeno que mantiene en pie hospitales, fábricas y redes eléctricas. Con datos fragmentados, contratos herméticos y una crisis económica que ya se siente en las cocinas, la isla depende en buena medida de envíos extranjeros para evitar un colapso mayor.
Lo esencial: cálculos independientes sitúan la necesidad actual de Cuba en unos 110.000 barriles por día. De esos, la producción nacional aporta algo más de 40.000; el resto —alrededor de 70.000 barriles— debe llegar desde el exterior, una cifra que rara vez se cumple por falta de divisas y obstáculos logísticos, lo que alimenta apagones de hasta 20 horas en amplias zonas del país.
| País | Estimación de envíos (barriles/día, 2025) | Fuente y observaciones |
|---|---|---|
| Venezuela | ~27.000 | Servicio especializado de Reuters; envíos históricamente marcados por acuerdos petrolero-sociales. |
| Rusia | ~6.000 | Estimaciones compiladas por agencias; volumen menor pero estratégico. |
| México | 6.000–12.000 (con envíos puntuales mayores) | Varias estimaciones; buque Ocean Mariner reportado con ~86.000 barriles en un viaje reciente (Instituto de Energía, Universidad de Texas). |
| Argelia | Envíos puntuales | Cooperación confirmada tras visita oficial en 2022; no es un flujo regular. |
Transparencia cero: El gobierno cubano conserva con celo las cifras y los acuerdos: si los envíos son contra servicios (como brigadas médicas), créditos, donativos o compras a precio de preferencia no suele hacerse público. Esa opacidad dificulta saber cuánto de ese petróleo sirve realmente a la población y cuánto se destina a reventas o reservas.
Un dato llamativo: investigaciones periodísticas han señalado que en años recientes Cuba llegó a revender parte del crudo recibido de Venezuela a países como China como vía para obtener divisas, mientras el turismo y las remesas caían. Todo indica que la isla opera una cadena de trueques y operaciones financieras complejas para mantenerse a flote.
¿Qué puede pasar si se corta el suministro?
- Apagones más largos: las termoeléctricas consumen el 65% del combustible según la ONEI citada por el Instituto de Energía de la Universidad de Texas; plantas con más de cuatro décadas de uso son frágiles y muy dependientes de combustibles importados.
- Golpe económico inmediato: el economista Miguel Alejandro Hayes calcula que una caída del 30% en la disponibilidad de combustible se traduciría en una caída del PIB del 27%, subida del 60% en alimentos y del 75% en transporte, y una contracción del consumo doméstico del 30%.
- Servicios en riesgo: hospitales, transporte público y producción agrícola sufrirían cortes y racionamientos severos.
La amenaza exterior que acelera la presión interna. El 29 de enero se firmó una orden ejecutiva que autoriza imponer aranceles a bienes procedentes de países que vendan petróleo a Cuba. Esa medida —según comunicados oficiales— mete a terceros países en una encrucijada: mantener envíos y arriesgar sanciones económicas, o cortar el suministro y empujar a Cuba hacia un apagón mayor.
Eso explica por qué México, que amplió sus ventas bajo los gobiernos recientes, está en el centro del debate. La administración saliente defendió el envío como ayuda humanitaria; la nueva presidencia afirmó que evaluará cada pedido. Al mismo tiempo, Washington presiona en el contexto de la revisión del tratado comercial trilateral (T-MEC), algo que añade tensión diplomática a la ecuación humanitaria.
Escenarios y salidas
- Continuidad limitada: si México y otros proveedores mantienen envíos, la isla seguirá en modo supervivencia, con racionamiento y apagones periódicos.
- Corte de suministros: un recorte brusco empujaría cierres de industrias, más emigración por necesidad y una crisis humanitaria que exigiría exenciones internacionales para gasolina de hospitales y alimentación.
- Alternativas: diversificación de proveedores (países del norte de África u otros aliados), reparación acelerada de plantas térmicas, y medidas de eficiencia energética de urgencia; todo requiriendo divisas y gestión transparente.
¿Qué queda por hacer? Transparencia en los acuerdos, priorizar el uso humanitario del combustible y activar corredores internacionales que eviten castigar a la población cubana son pasos urgentes. Las cifras y los contratos deben salir del secretismo: la diferencia entre un envío y otro puede determinar si una familia tiene luz para cocinar o no.
Fuentes: Reuters; EFE; Oficina Nacional de Estadística e Información de Cuba (ONEI); Instituto de Energía, Universidad de Texas; investigación del New York Times; economista Miguel Alejandro Hayes. Los volúmenes y la naturaleza de los acuerdos no pueden verificarse de forma independiente debido al secreto oficial en La Habana.
