Josefa gonzález-blanco abandona la embajada del reino unido tras 16 denuncias por acoso laboral: “ella no tiene empleados, tiene sirvientes”
Por una cadena de congelamientos, silencios y órdenes internas, trabajadores mexicanos en Londres relatan un clima de terror administrativo que terminó con denuncias formales y la salida de la embajadora.
La salida de Josefa González‑Blanco de la Embajada de México en Londres llega entre reclamos y testimonios que pintan un ambiente laboral hostil: 16 denuncias por acoso laboral, según fuentes internas, y relatos que describen prácticas de exclusión sistemática conocidas en la misión como “la dog house” o “la congeladora”.
“Te vas a la dog house”, dice uno de los empleados consultados por este periódico. Al principio no entendían; luego supieron que era “la casa del perro”: un castigo que consiste en ignorar, retener información y prohibir el contacto con la persona señalada. “Te congela, te deja de hablar, no te pasa información y simplemente dejas de existir”, relata una fuente que prefiere mantener el anonimato por temor a represalias. Otros seis empleados y exempleados confirmaron variantes de la misma práctica: “Lo congeló porque le cayó mal”; “estuvo año y medio congelado”; “te vas a la congeladora y ahí te quedas”.
Qué denuncian los empleados
- Aislamiento institucional: bloqueo de comunicación y exclusión de reuniones y decisiones.
- Retención de información relevante para el trabajo, que imposibilita desempeñar funciones.
- Lenguaje y trato denigrante: frases que humillan o rebajan la condición profesional.
- Creación de un clima de miedo que afecta salud mental y carrera diplomática.
“Ella no tiene empleados, tiene sirvientes”, fue una descripción brutal que usan algunos trabajadores para resumir la relación de mando. Ese lenguaje, según los testimonios, no es anecdótico: moldeó la gestión diaria y afectó proyectos, coordinación académica y relaciones con contrapartes en el Reino Unido.
| Elemento | Datos |
| Denuncias registradas | 16 (según fuentes internas) |
| Testimonios recogidos | 7 empleados y exempleados, incluido un relato citado por el periódico |
| Prácticas denunciadas | Congelamiento, aislamiento, retención de información, trato denigrante |
Impacto práctico
El bloqueo interno no solo hiere a las personas: erosiona la capacidad de la embajada para cumplir sus funciones. Proyectos académicos y contactos con instituciones británicas, según los testimonios, se vieron afectados porque quienes llevaban esos temas estaban “congelados”. Para los ciudadanos mexicanos en Reino Unido, esto traduce demoras en trámites consulares y en la calidad de representación diplomática.
Rigor y consecuencias
Las denuncias laborales y el ambiente descrito exigen investigación. En casos como este, los canales relevantes suelen ser la Secretaría de Relaciones Exteriores y las instancias internas de recursos humanos, que pueden abrir investigaciones administrativas y sanciones. También están en juego la protección a denunciantes y la necesidad de protocolos claros contra el acoso en misiones en el extranjero.
Qué se debe exigir
- Investigación imparcial y pública sobre las denuncias, con plazos y rendición de cuentas.
- Protección efectiva para las personas que denunciaron, para evitar represalias.
- Protocolos claros y capacitación obligatoria contra hostigamiento en todas las representaciones diplomáticas.
- Mecanismos de evaluación del desempeño que incluyan clima laboral y trato a subordinados.
Una advertencia para la diplomacia
Que una embajada se convierta en “congeladora” no es solo un problema interno: es un problema de Estado. El servicio exterior necesita garantizar que la voz de México en el extranjero no dependa de caprichos ni genere costos humanos y operativos. La salida de la embajadora puede ser el primer paso; lo urgente es transformar ese episodio en políticas que eviten la repetición.
Los testimonios citados fueron recogidos por EL PAÍS y corroborados por fuentes del personal en la misión. Este periódico consultó a empleados actuales y exempleados que prefirieron permanecer en el anonimato por miedo a represalias.
