Elecciones presidenciales 2025: cómo cambió el panorama en el mundo

Por MILENIO

El 2025 dejó un mapa político en movimiento: gobiernos que se consolidaron, otros que volvieron tras décadas, golpes que reconfiguraron el tablero en África y una ola de votaciones que revelaron tanto polarización como demandas ciudadanas por cambios reales. Más allá de titulares sorprendentes —como el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca—, las decisiones políticas tomaron forma en las urnas y en las calles, con efectos concretos sobre la economía, la seguridad y la vida cotidiana de millones de personas.

América: inclinación a la derecha y la sombra de la influencia externa

La región mostró un claro avance de fuerzas conservadoras y de centroderecha, muchas veces con un fuerte componente populista. En Ecuador, el presidente Daniel Noboa se aseguró un mandato completo (56.13% frente a 43.87% de Luisa González), frenando el retorno del correísmo, según datos del Consejo Nacional Electoral. En Chile, José Antonio Kast ganó la presidencia con cerca del 58% en la segunda vuelta, consolidando a la derecha más dura en la región.

En Centroamérica, Honduras vivió una contienda marcada por la influencia externa: la eventual proclamación de Nasry Asfura, en medio de un apoyo público del presidente de Estados Unidos, alteró percepciones sobre soberanía y la intervención diplomática en procesos electorales.

Otros casos: en Bolivia el voto rompió dos décadas de dominio del Movimiento al Socialismo y llevó a Rodrigo Paz Pereira a la presidencia tras un balotaje; Guyana, Jamaica y Surinam renovaron liderazgos con matices entre continuidad y cambio; Trinidad y Tobago recuperó a Kamla Persad-Bissessar después de comicios extraordinarios.

Impacto para la gente: políticas migratorias y comerciales más estrictas, mayor énfasis en seguridad y alianzas hemisféricas que pueden priorizar inversiones en minería y energía, pero también tensiones en derechos laborales y acceso a servicios sociales.

África: golpes, transiciones y la fuerza de la generación joven

En varias naciones africanas 2025 se vivió como un año de ruptura. Desde la llegada de Brice Oligui Nguema en Gabón tras el golpe de 2023 y su posterior victoria con más del 90% de los votos, hasta el escenario de Guinea-Bissau donde un acto golpista en noviembre proclamó a un general mientras el conteo seguía, la región registró una fragilidad institucional notable.

Al mismo tiempo, hubo elecciones regulares que dieron continuidad a líderes largos como Paul Biya en Camerún, y victorias femeninas relevantes: Jennifer Geerlings-Simons en Surinam y la reelección de Samia Suluhu Hassan en Tanzania. En algunos lugares —Togo o Gabón— la falta de competencia real levantó cuestionamientos sobre calidad democrática.

Una nota clave: las protestas de la llamada Generación Z en países como Nepal (aunque en Asia) y movimientos juveniles en África reflejan hartazgos acumulados por desempleo, corrupción y falta de acceso a servicios básicos. Esas movilizaciones no son un fenómeno aislado; son señales de presión social que pueden detonar cambios —vía reformas o via shock institucional— según el contexto.

Europa: diversidad de resultados y tensiones sobre valores

Europa mostró resultados mixtos. Hubo reelecciones contundentes, como la de Zoran Milanovic en Croacia, y victorias conservadoras que consolidan agendas más tradicionales, como en Polonia donde Karol Nawrocki ganó por margen estrecho (50.89% frente a 49.11%). En Rumania una remontada llevó a Nicusor Dan a la presidencia con 54% en la segunda vuelta. Irlanda sumó a Catherine Connolly, una presidenta independiente con fuerte apoyo social.

En Bielorrusia, las elecciones fueron tildadas de simulación por la Comisión Europea, con Alexander Lukashenko imponiendo su continuidad. En Grecia y otros países, los cambios presidenciales siguieron los cauces institucionales, aunque con debates sobre la independencia judicial, derechos y relaciones con la Unión Europea.

Impacto ciudadano: debates agudos sobre estado de derecho, derechos reproductivos y matrimonio igualitario; presiones sobre sistemas de bienestar y planteamientos económicos que variarán entre austeridad y gasto público según gobiernos.

Asia y Oceanía: elecciones parlamentarias y transiciones locales

Asia no tuvo una oleada presidencial homogénea. Corea del Sur celebró comicios anticipados y eligió a Lee Jae-myung (49.3% según medios), mientras Nepal mostró una peculiaridad: la movilización juvenil por medios digitales que precipitaron cambios políticos y la elección de una figura judicial, Sushila Karki, en un escenario de crisis. Países como India, Filipinas, Singapur, Tayikistán y Myanmar concentraron votaciones legislativas o generales que marcarán el rumbo parlamentario.

Oceanía no registró elecciones presidenciales en 2025, por lo que su impacto fue menor en este eje.

Qué significa esto para la geopolítica y la economía

  • Relaciones con EE. UU.: El regreso de Donald Trump y su enfoque pragmático sobre comercio y seguridad reconfigura incentivos en América Latina. Países alineados con Washington pueden recibir mayor seguridad y acuerdos comerciales a cambio de concesiones políticas o migratorias.
  • Influencia de China y Rusia: Donde occidente pierde certidumbre, Beijing y Moscú aprovechan vacíos con inversiones, comercio y apoyo político. Gobiernos autoritarios o transicionales tienden a mirar hacia esos actores.
  • Mercados y commodities: Cambios en líderes de países productores (energía, minerales, alimentos) afectan oferta y precios. La incertidumbre política frena inversión extranjera directa y genera volatilidad en monedas locales.
  • Democracia y derechos: Los golpes y elecciones con baja competencia aumentan la sensación de retroceso democrático; a la vez, las victorias ciudadanas y la movilización juvenil muestran vías de renovación institucional.

Historias concretas: el impacto en la vida cotidiana

Un trabajador minero en Bolivia o Perú ve cómo cambios de gobierno prometen atraer inversión y abrir mercados, pero también teme flexibilización laboral. Una madre en Ghana o en Cabo Verde observa que los golpes o inestabilidades derivan en recortes presupuestarios que afectan salud y educación. Jóvenes en las grandes ciudades usan redes sociales para organizarse y, como en Nepal, pueden forzar salidas políticas; su acción evidencia que la política ya no es solo cosa de elites.

Balance y recomendaciones para la ciudadanía

El 2025 mostró que las instituciones importan tanto como los resultados. Votar es necesario, pero no suficiente: transparencia en cuentas públicas, una prensa libre, sistemas judiciales independientes y fiscalización social son el antídoto contra abusos.

  • Promover participación ciudadana más allá de la jornada electoral: ve a foros locales, exige rendición de cuentas y participa en veedurías.
  • Exigir protección de servicios básicos: educación, salud y empleo deben mantenerse como prioridades, cualquiera sea el color del gobierno.
  • Fomentar diálogo regional: ante la polarización, construir puentes entre sociedad civil, academia y actores productivos reduce el riesgo de rupturas violentas.

Mirando hacia 2026

El ciclo electoral no termina. Países con transiciones forzadas o elecciones próximas —como Perú que arrancó su proceso para abril de 2026 tras la destitución de Dina Boluarte— muestran que los próximos meses serán clave para consolidar o revertir tendencias. La ciudadanía volverá a ser el eje: las decisiones cotidianas, desde elegir representantes hasta exigir transparencia, definirán si las olas de 2025 se traducen en reformas duraderas o en más inestabilidad.

Fuentes y verificación

Información basada en reportes de agencias y organismos electorales: EFE, Reuters, Consejo Nacional Electoral de Ecuador, France 24, RTVE, comisiones electorales nacionales y reportes de prensa internacional. En cada país las cifras oficiales fueron citadas según los organismos comiciales o las agencias citadas.

Con información e imágenes de: Milenio.com