En busca de su Milei, Trump o Bolsonaro: la ultraderecha en México, en periodo de incubación
Ciudad de México. La derecha mexicana existe y milita, pero todavía no encuentra a quien la reúna bajo una sola bandera. Mientras en América Latina proliferan líderes con discursos de choque —desde Jair Bolsonaro hasta Javier Milei— en México lo que predomina son chispazos: voces y proyectos que prueban temas, audiencias y formatos sin consolidarse como fuerza electoral nacional.
Un caldo de cultivo y muchas experimentaciones
Para el investigador Mario Santiago, del Instituto Mora, el fenómeno está en una fase de prueba y error: «es un periodo de incubación», dice. En redes sociales, medios y organizaciones civiles surgen discursos que responden a movilizaciones feministas, a debates sobre aborto y educación sexual, y a narrativas alrededor de la «ideología de género» y el comunismo. Esos mensajes se mezclan con teorías surgidas durante la pandemia y con críticas al gobierno de la 4T.
El experimento toma distintas formas: desde políticos y activistas que hablan sin filtros contra el feminismo y el movimiento LGBT, hasta intentos de articular partidos o coaliciones que lleven ese discurso a las urnas. Pero por ahora esas expresiones son divergentes, a menudo locales o sectoriales, y no logran una plataforma unificadora.
Actores visibles, pero sin un liderazgo hegemónico
Entre quienes hoy encabezan la conversación conservadora aparecen nombres conocidos: la senadora Lilly Téllez, el actor Eduardo Verástegui, figuras regionales del bajío como Juan Manuel Oliva, el líder de movimientos trumpistas como Juan Iván Peña Neder y empresarios con ambiciones públicas, como Ricardo Salinas Pliego. Cada uno atrae a segmentos distintos, pero ninguno tiene la capacidad de aglutinar a todo el espectro.
| Actor | Perfil | Ventaja |
|---|---|---|
| Lilly Téllez | Senadora con discursos conservadores | Visibilidad en radio y TV; voz directa contra la agenda progresista |
| Eduardo Verástegui | Actor y activista conservador | Redes sociales y círculo de simpatizantes religiosos |
| Juan Manuel Oliva | Exgobernador panista; promotor de confederación estatal | Conexiones regionales en el bajío y experiencia de gobierno |
| Juan Iván Peña Neder / México Republicano | Movimiento que intenta registro como partido | Organización explícitamente conservadora; base ideológica clara |
| Ricardo Salinas Pliego | Empresario con discurso outsider | Recursos mediáticos y capacidad de movilización simbólica |
Obstáculos institucionales y fragmentación
Varios factores explican por qué no emerge un líder estilo Milei o Trump en el corto plazo. Primero, la fragmentación: conservadores organizados conviven con panistas moderados, religiosos tradicionales y grupos ultraconservadores, sin un canal único de representación. Segundo, las barreras legales y logísticas: para registrar un partido se requiere estructura territorial y afiliación masiva —al menos 200 asambleas distritales y cientos de miles de militantes según los requisitos del Instituto Nacional Electoral—, algo difícil de lograr sin recursos ni organización sostenida.
Además está la competencia del PAN, que sigue siendo el gran paraguas de la derecha tradicional y que, al intentar reposicionarse con lemas como «Patria, familia y libertad», procura capturar esa agenda sin radicalizarse públicamente. Esa convivencia limita la emergencia de una figura que se declare abiertamente de extrema derecha y conquiste amplios segmentos del electorado.
Riesgos y frenos sociales
La posible llegada de figuras extremas con agendas autoritarias plantea riesgos reales: polarización, erosión de contrapesos democráticos y retrocesos en derechos civiles. Pero en México existen frenos sociales importantes. Movimientos feministas, organizaciones cívicas, medios y una ciudadanía más conectada y crítica pueden contrarrestar narrativas de odio y desinformación. Además, el propio tejido político y legal aún dificulta maniobras rápidas para convertir controversia mediática en poder institucional.
Qué observar de aquí a 2027 y 2030
- La estrategia de las nuevas derechas será mixturar presencia mediática con pruebas locales: campañas en redes, candidaturas municipales y alianzas estatales.
- Proyectos como la confederación de partidos estatales que promueve el bajío buscan construir poder desde lo local antes de intentar una oferta nacional.
- Figuras con recursos económicos o altavoz mediático, como Salinas Pliego, pueden acelerar procesos; su entrada al ruedo sería un factor de cambio.
- La reacción de la sociedad civil y la forma en que partidos tradicionales absorban o rechacen esa agenda determinarán si hay consolidación o dispersión.
Cómo responder desde la sociedad
La contestación no es solo política: requiere educación mediática, protección de derechos, transparencia en financiamiento político y espacios de diálogo. Reforzar instituciones, promover leyes claras contra la desinformación y apoyar iniciativas de cohesión social son medidas que reducen la posibilidad de que discursos extremos encuentren cancha fértil.
En resumen, la ultraderecha mexicana está en incubación: prueba piezas, mide reacciones y busca liderazgos. Pero la mezcla de barreras institucionales, fragmentación interna y contrapesos sociales hace que hoy sea más un laboratorio que una amenaza inmediata y homogénea. Queda por verse si, en los próximos años, alguna figura logrará encender la chispa que hoy solo parpadea.

