Valle de Mexicali se niega a desaparecer pese a haber sido declarado muerto

Cierra los ojos. Imagina el desierto absoluto: 45 grados, suelo cuarteado, solo el ruido lejano de un auto. Así fue el Valle de Mexicali hasta que, hace décadas, científicos declararon al delta del río Colorado «muerto». Ábrelos ahora. Lo que ves es otro paisaje: álamos y sauces de ocho a diez metros, aves por montones, niños que reman en kayak donde antes solo había polvo. Esta transformación no fue casual; fue el resultado de años de ciencia, negociación binacional y trabajo comunitario.

Lo que hoy respira y da sombra fue hace apenas una o dos décadas un ecosistema colapsado. En los años cuarenta empezaron las grandes presas en Estados Unidos y con ellas la reducción progresiva del caudal. Para los ochenta, los estudios documentaron la desecación del delta: suelos salinizados, invasión del pino salado y pérdida casi total de la conexión río-mar. “En los años ochenta, los estudios científicos fueron lapidarios y se enfocaron en documentar cómo era el proceso de muerte de un ecosistema”, señaló Aída Navarro, coordinadora de la Alianza Revive el Río Colorado, en entrevista con MILENIO.

Cómo volvió a fluir

La idea central fue simple y, para muchos, impensable: devolverle agua al río. No agua perfecta, no cantidades desbordantes, sino flujo suficiente y sostenido para permitir que los procesos naturales se reanimen. Fue necesario combinar técnica, ciencia, diplomacia y presión ciudadana. Hubo pulsos ambientales evaluados por científicos, acuerdos binacionales y la suma de organizaciones y comunidades en ambos lados de la frontera.

El resultado tangible puede verse en cifras y en el terreno:

Concepto Resultado aproximado
Hectáreas restauradas ~540 ha
Árboles plantados Más de 500,000
Aves migratorias observadas Alrededor de 17 millones (registros en años recientes)
Eventos clave Pulso ambiental de 2014 que permitió que el río llegara al mar durante días; festivales y trabajo continuo de restauración

Estos números vienen de reportes y entrevistas con organizaciones como Alianza Revive el Río Colorado y Restauremos el Colorado, así como de crónicas periodísticas que han documentado el proceso.

Historias que lo confirman

El sitio El Chaussé, en el valle, es hoy una ventana a lo que fue el delta: con pequeñas cantidades de agua ya hospeda aves migratorias, castores, linces y mapaches. “En diciembre llegan los pelícanos blancos, en noviembre los patos. Y cuando las semillas de los álamos vuelan y germinan, sentimos que el bosque respira de nuevo”, dijo Carlos Córdova, líder del equipo de restauración de Restauremos el Colorado, durante la reciente clausura del Festival Revive el Río Colorado 2025.

El fotógrafo Pete McBride, de National Geographic, recorrió el delta en dos momentos: cuando lo encontró seco y, años después, cuando un pulso ambiental en 2014 permitió al río besar el mar por primera vez en décadas. Tres días fueron suficientes para mostrar que la conexión históricamente rota puede recuperarse, aunque sea temporalmente. “Si este río, con millones de años de historia, pudo regresar —aunque fuera por tres días—, entonces aún hay esperanza”, dijo McBride en entrevista con MILENIO.

Reconocer al río como usuario del agua

Una de las transformaciones más relevantes fue política y legal: por primera vez se empezó a considerar al medio ambiente como un usuario legítimo del agua. “Al inicio de esta lucha los agricultores decían: ‘Están tirando el agua’. No la tiraban. La estaban devolviendo a la vida”, recordó Enrique Guillén, director del Programa del Delta del Río Colorado en Restauremos el Colorado. Ese cambio de paradigma permitió articular asignaciones de agua ambiental en mesas de negociación y programas de manejo binacional.

Avances y límites: lo que sigue pendiente

  • Logros: restauración de cientos de hectáreas, recuperación de bosques nativos, retorno de aves migratorias y fauna, incorporación del agua ambiental en la agenda pública y binacional.
  • Retos: asegurar flujos sostenibles frente a la demanda agrícola, mitigar la salinización histórica de suelos, controlar especies invasoras como el pino salado, garantizar financiamiento a largo plazo y mecanismos jurídicos que protejan los caudales ambientales.
  • Contexto climático: sequías más frecuentes y temperatura al alza complican la disponibilidad hídrica; las soluciones requieren coordinación entre agricultura, comunidades, ciencia y gobiernos.

Génesis Alarcón, gerente de restauración de Restauremos el Colorado, advierte: “Es sorprendente que exista un río que no llega al océano. Recuperar esa conexión exige no sólo eventos aislados, sino manejo integrado y continuidad en las políticas”.

Qué puede hacer la gente

  • Informarse y exigir transparencia en la asignación y uso del agua.
  • Participar en iniciativas locales de restauración y educación ambiental.
  • Apoyar modelos de riego más eficientes y prácticas agrícolas que reduzcan el consumo y la contaminación.
  • Fomentar acuerdos binacionales que incluyan compromisos concretos y verificables para flujos ambientales.

La restauración del Valle de Mexicali no es una historia concluida ni una promesa fácil; es un proceso vivo que mezcla logros palpables con decisiones difíciles por delante. Como dijo Aída Navarro: “Cuando logras devolverle la vida a un lugar imposible, ya no quieres detenerte”. Esa terquedad colectiva es lo que hoy mantiene al río con voz propia. Si algo enseña este caso es que los ecosistemas pueden sorprendernos y que, cuando se les devuelve lo básico —agua y cuidado— tienen la capacidad de recuperarse. Pero la esperanza necesita continuidad, acuerdos y vigilancia ciudadana para no volver a perderse.

Fuentes: entrevistas y reportajes con Alianza Revive el Río Colorado y Restauremos el Colorado; crónicas periodísticas que documentaron el pulso ambiental de 2014 y el seguimiento en campo; declaraciones públicas de investigadores y conservacionistas citadas en eventos y festivales de la Alianza (Festival Revive el Río Colorado 2025).

Con información e imágenes de: Milenio.com