Cempasúchiles no tires: la ciudad los convierte en composta y así puedes hacerlo tú

La Secretaría del Medio Ambiente habilitó nuevamente puntos de acopio para recolectar las flores usadas en ofrendas y transformarlas en composta. La iniciativa busca evitar que toneladas de cempasúchil y otros residuos florales terminen en rellenos o colapsen el servicio de limpia, y al mismo tiempo recuperar nutrientes para parques y áreas verdes de la capital.

Según la Secretaría del Medio Ambiente, los puntos de recepción se instalan en varias alcaldías y centros de transferencia durante la temporada de Día de Muertos. Las flores se tamizan, se combinan con materia seca y se someten a procesos de compostaje controlado antes de reutilizarse en jardines públicos. Es una solución práctica: lo que para muchos es resto festivo vuelve como alimento para la tierra.

Sin embargo, el programa tiene limitaciones que conviene señalar. La capacidad de acopio no siempre alcanza para toda la ciudad, la información no siempre llega a barrios periféricos y la contaminación por plásticos, veladoras de parafina o papel metalizado complica el proceso. La Secretaría del Medio Ambiente ha dicho que trabaja en campañas informativas, pero hace falta mayor coordinación con las alcaldías y recursos para ampliar bodegas y maquinaria. No es sólo voluntad: es logística y presupuesto.

Si quieres hacer tu parte en casa, no se necesita ser experto. Primero separa las flores de todo material extraño: alambres, plásticos, papel con brillo y restos de veladoras. Corta o trocea los pétalos para acelerar la descomposición y mézclalos con material seco —hojas secas, cartón sin tinta, serrín— en una proporción aproximada de tres partes secas por una húmeda. Mantén la mezcla aireada: removerla cada semana ayuda a evitar malos olores y a incorporar oxígeno. La humedad debe ser parecida a una esponja exprimida; si está muy seca añades agua, si está encharcada agregas más material seco.

En un compostero doméstico bien manejado el proceso toma entre dos y cuatro meses según clima y tamaño. Cuando el compost huele a tierra y ya no identificas pétalos, estará listo para macetas, huertos urbanos o jardineras comunitarias. Si no tienes espacio, pregunta en tu alcaldía o en mercados locales por puntos de entrega; la Secretaría del Medio Ambiente publica cada año la ubicación de los centros de acopio para facilitar la devolución de las flores a la tierra.

Más allá del gesto individual, convertir cempasúchiles en composta es una oportunidad para repensar políticas públicas de residuos: falta transparencia en los volúmenes recolectados, rendición de cuentas sobre el uso del compost producido y programas de educación ambiental consistentes en escuelas y comunidades. La autoridad ambiental puede celebrar los aciertos, pero también debe atender las fallas operativas que limitan el alcance.

Si celebras estas fechas, hazlo con cuidado: evita recubrir las flores con plástico o papel metalizado, separa los restos y busca el punto de acopio más cercano. Es una pequeña acción que mejora calles, reduce presión sobre el sistema de limpia y devuelve fertilidad a parques y jardines. Como recuerda la Secretaría del Medio Ambiente, la ciudad puede convertir el exceso de una tradición en recurso para todos; falta que gobiernos y ciudadanos empujen en la misma dirección.

Con información e imágenes de: informador.mx