Desplazados en Gaza reman contra el barro: baldes, tiendas y una ayuda que no alcanza

Tras una noche de intensas tormentas en la Franja de Gaza, miles de desplazados despertaron con sus tiendas de campaña llenas de agua. Familias enteras usaron baldes para sacar el agua acumulada y levantaron barreras improvisadas de arena y barro para intentar proteger sus refugios de nuevas lluvias, según relatos recogidos en campo y reportes de la Agencia de la ONU para los Refugiados Palestinos (UNRWA) y la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA).

La imagen es la de gente que remienda la supervivencia con las manos: niños envueltos en mantas húmedas, colchones empapados y láminas plásticas perforadas que más parecen parches temporales que soluciones. “Cada lluvia borra lo que habíamos conseguido durante el día”, dice Fatma, madre de tres hijos, hablando con este periódico mientras vaciaba un balde por enésima vez.

Los informes de UNRWA y OCHA confirman que las lluvias han empeorado una crisis humanitaria ya grave. La falta de infraestructuras básicas —techo, drenaje, acceso fiable a agua potable y a servicios sanitarios— convierte cada tormenta en un riesgo de enfermedades y desplazamientos adicionales. Médicos Sin Fronteras (MSF) ha alertado sobre el aumento de enfermedades respiratorias y gastrointestinales entre los desplazados.

Detrás del barro hay responsabilidades políticas. Según OCHA, las restricciones para el ingreso de materiales de construcción y de ayuda impuestas desde hace años y la destrucción previa de parte de la infraestructura pública han limitado la capacidad de respuesta. No es solo un fallo logístico: es el resultado de políticas que impiden una recuperación mínima y que dejan a la población civil expuesta a los elementos.

Las autoridades locales y organizaciones internacionales han desplegado lonas, palas y equipos médicos, pero los equipos que llegan son insuficientes frente a la magnitud del daño. UNRWA ha lanzado llamamientos de emergencia y organizaciones comunitarias reportan cómo, en ausencia de respuestas adecuadas, vecinos y voluntarios improvisan centros de distribución y espacios seguros. La solidaridad ciudadana funciona como parche, pero no sustituye a una política pública que garantice refugio digno.

La crisis no es igual para todos: hogares encabezados por mujeres, ancianos y personas con discapacidad son los más vulnerables. El Ministerio de Salud en Gaza ha advertido del riesgo de brotes por agua contaminada y de la presión creciente sobre los servicios sanitarios, que funcionan con cortes de energía frecuentes y escasez de suministros.

En términos prácticos, las soluciones urgentes son conocidas y concretas: mejorar el drenaje en campamentos, distribuir materiales impermeables y kits sanitarios, establecer albergues temporales seguros y abrir corredores humanitarios que permitan el ingreso sostenido de ayuda. UNRWA y OCHA insisten en que se garantice acceso sin trabas a las organizaciones humanitarias. Es una petición que no es ideológica: responde a matemática básica de prevención y dignidad.

Hay también iniciativas locales que merecen apoyo. Grupos comunitarios en Gaza organizan cuadrillas para tapar fugas, construir canales de evacuación del agua y repartir alimentos calientes. Estas acciones muestran la resiliencia de la sociedad civil, pero también exigen que donantes y autoridades traduzcan esa fuerza en recursos reales y sostenibles.

La escena de miles de personas con baldes bajo la lluvia obliga a preguntar por prioridades políticas. ¿Qué gobiernos y organismos están dispuestos a garantizar seguridad y dignidad para quienes ya han perdido hogares, trabajos y seres queridos? Las respuestas institucionales darán cuenta del valor que asignamos a la vida cotidiana de la población civil.

Mientras tanto, las familias siguen levantando diques de barro como se levantan esperanzas: con manos ásperas, sin garantía de que aguanten la próxima tormenta.

Fuentes: UNRWA, OCHA, Médicos Sin Fronteras y Ministerio de Salud de Gaza.

Con información e imágenes de: France 24