Colorado resiste la sacudida mientras Peña mira 2028

En Contexto: El Partido Colorado, con más de un siglo de protagonismo en la vida política paraguaya, vuelve a demostrar su capacidad de supervivencia. La crisis desatada por el caso Ueno Bank colocó bajo escrutinio al presidente Santiago Peña, pero la fuerza partidaria, lejos de desmoronarse, ha logrado mantenerse fuera del centro de la tormenta política. ABC Color y La Nación han seguido de cerca las sesiones en el Congreso que, finalmente, decidieron no aceptar la renuncia del mandatario, mientras el trámite del juicio político continúa en un escenario cargado de incertidumbre.

La imagen es la de un árbol centenario que se tambalea en la tormenta: algunas ramas se han partido, otras crujen, pero el tronco sigue en pie. Ese tronco es el aparato colorado: redes clientelares, estructura territorial y capacidad para absorber golpes institucionales. El caso Ueno Bank, que puso en tela de juicio vínculos financieros y responsabilidades políticas, no llegó por ahora a desgarrar la tela del partido. El Congreso optó por no tomar la dimisión de Peña, según constataron medios locales como ABC Color en la cobertura de la sesión, lo que muestra una mayoría interesada en contener el daño y preservar la gobernabilidad.

Pero la calma es relativa. El proceso de juicio político sigue su curso y deja al descubierto fragilidades que pueden cobrar factura a largo plazo. No se trata solo de la supervivencia formal del partido; la discusión pública sobre transparencia, conflictos de interés y control de las finanzas públicas ha ganado tracción. Para la ciudadanía, estas controversias no son discusiones abstractas: afectan la confianza en la vacunación eficaz de instituciones, en el uso del presupuesto para salud y educación, y en la capacidad del Estado para proteger los derechos básicos. La desconexión entre la agenda partidaria y las necesidades cotidianas es el terreno donde crece la desafección.

En lo inmediato, la táctica de contención fue clara. Fuentes parlamentarias citadas por La Nación señalan que muchos diputados y senadores prefirieron procesar el asunto en las comisiones y posponer decisiones drásticas, evitando una fractura abierta que pueda debilitar la acción del gobierno y abrir una puerta a la inestabilidad política. Para Peña, esa maniobra es una bocanada de aire: le permite comprar tiempo, recomponer su imagen y, según analistas consultados por este diario, pensar en 2028 sin haber puesto a prueba la maquinaria interna.

Pensar en 2028 no es una frivolidad. En un partido con estructuras verticales como el colorado, la figura presidencial sigue siendo un activo político que puede moldear candidaturas, distribuir cuotas y decidir lealtades. La pregunta es si ese activo sigue valiendo lo mismo después de los cuestionamientos públicos. La respuesta dependerá de dos factores: cómo evolucione el juicio político y si las reformas internas que reclaman organizaciones civiles y sectores críticos del propio partido avanzan de verdad. Si la respuesta es negativa, la sucesión de 2028 podría convertirse en un escenario de disputa dura entre facciones que busquen limpiar la imagen o capitalizar el control institucional.

La experiencia comparada muestra que los grandes partidos con raíces históricas sobreviven a escándalos si renuevan liderazgos y asumen compromisos creíbles de transparencia. En Paraguay, sin embargo, la renovación exige algo más que gestos: requiere institucionalizar contrapesos reales, abrir listas, limitar la reelección de cuadros y someter el financiamiento partidario a controles públicos. Hasta ahora, esas reformas han avanzado tímidamente. Organizaciones de la sociedad civil han exigido mayor celo de la Fiscalía General del Estado y del Poder Legislativo para investigar vínculos financieros y cerrar puertas a la impunidad.

Para la gente común, lo que está en juego es concreto. Un gobierno con menos legitimidad tiende a recortar inversión social, a postergar decisiones en salud y educación, y a generar incertidumbre para pequeñas y medianas empresas que necesitan reglas claras para invertir. El partido que gobierna no puede resignarse a ser un armazón administrativo: debe responder con políticas que mejoren la vida cotidiana y con claridad sobre sus financiamientos.

En este punto, el rol de los medios y la sociedad es crucial. La cobertura de ABC Color y La Nación ha mantenido el tema en la agenda pública, pero la discusión debe trascender titulares y entrar en reformas. La presión ciudadana, combinada con un Congreso que actúe con independencia real y una Fiscalía que investigue sin favoritismos, será determinante para que la centenaria vigencia colorada no sea solo una fachada capaz de contener crisis, sino el punto de partida de una transformación que responda a demandas de justicia y transparencia.

Mientras tanto, Peña resiste, el partido aguanta y 2028 se perfila en el horizonte como la prueba de fuego que dirá si la vieja maquinaria se renueva o se queda como testigo de una era que los ciudadanos ya no están dispuestos a tolerar sin cambios tangibles.

Fuente: seguimiento periodístico y reportes de ABC Color y La Nación.

Con información e imágenes de: France 24