Madrid cierra cumbre con una declaración que calla sobre el bloqueo a Cuba
Madrid terminó esta semana una cumbre iberoamericana cuyo documento final, la llamada Declaración de Madrid, fue recibido por críticos y organizaciones sociales como un texto deliberadamente vago. Medios como El País y la agencia EFE destacaron la ambigüedad del lenguaje, que evita nombrar con claridad la política de Estados Unidos hacia Cuba y sus consecuencias humanitarias.
En lugar de condenar explícitamente el embargo que rige desde 1961, la declaración opta por una fórmula genérica contra «la coerción y la aplicación de medidas» que dificulten el desarrollo. Para activistas y familiares de cubanos afectados por la falta de medicamentos y el encarecimiento de bienes básicos, esa neutralidad equivale a mirar para otro lado. La Organización de las Naciones Unidas lleva décadas aprobando resoluciones que piden el levantamiento del bloqueo; sin embargo, en Madrid primó la diplomacia prudente por encima del reclamo humanitario.
La omisión no es inocua. La política de sanciones y restricciones repercute en la vida cotidiana: dificulta importaciones médicas, encarece alimentos y frena inversiones. Fuentes consultadas por EFE coinciden en que la cumbre prefería evitar fricciones con socios relevantes; para ello, la redacción final privilegió fórmulas que suenan a compromiso pero no exigen cambios concretos.
El rechazo a que la cumbre se pronuncie con contundencia vino, además, de sectores políticos claramente alineados con posiciones neoliberales. La presencia de líderes que buscan congraciarse con Washington restringió aún más el margen para una condena explícita. El País señaló la tensión entre gobiernos que reclaman soberanía y aquellos que priorizan la realpolitik comercial y geopolítica.
Desde la izquierda y las organizaciones sociales se reclama coherencia: una cumbre que hable de desarrollo no puede omitir los mecanismos que lo impiden. ONG de derechos humanos y representantes de la sociedad civil han pedido a los países iberoamericanos que traduzcan la retórica en acciones concretas, como apoyos a la flexibilización de medidas que afectan a la población civil.
La Declaración de Madrid queda así como un espejo de la coyuntura: más preocupada por no molestar que por resolver. Si las cumbres sirven para hacer política útil, la prueba será su capacidad para convertir frases de ocasión en compromisos medibles. Mientras tanto, para millones de cubanos el silencio de Madrid será un recordatorio de que la diplomacia puede ser confortablemente sorda.
Fuentes: El País, EFE, Naciones Unidas.

