Toque de queda en la costa, el Estado intenta frenar el avance del narco

Diez días de restricción nocturna en cinco provincias, incluido Guayas, frente a una crisis de seguridad que golpea barrios y economías locales a un mes de las elecciones.

Este domingo 1 de noviembre Ecuador inició su cuarto período de toque de queda nocturno en lo que va del año. La medida, anunciada por el Ministerio de Gobierno y aplicada por la Policía Nacional, regirá durante diez días en cinco provincias de la costa, entre ellas Guayas, donde está Guayaquil, la ciudad más poblada del país. Las autoridades argumentan que la restricción busca frenar la expansión de organizaciones criminales y rutas del narcotráfico que, según reportes de El Comercio y El Universo, han aumentado su presencia en zonas urbanas y rurales.

Para buena parte de la ciudadanía la medida genera sensación de alivio y de alarma al mismo tiempo. «Por las noches se siente uno más protegido, pero los toques de queda no arreglan que no podamos trabajar de día; soy vendedora ambulante y vivo al día», dice María, comerciante del sur de Guayaquil. El cierre nocturno afecta a trabajadores informales, repartidores y pequeños comerciantes, un impacto económico directo que no siempre se acompaña de compensaciones sociales.

Los datos oficiales de la Policía Nacional y de la Fiscalía muestran una mayor sofisticación de las bandas: enfrentamientos, ejecuciones selectivas y vínculos con el crimen organizado transnacional. Organizaciones internacionales y ONGs como Human Rights Watch han señalado fallas estructurales, entre ellas un sistema penitenciario sobrepoblado que facilita la coordinación delictiva desde las cárceles, así como debilidades en inteligencia y persecución de delitos financieros.

El recurso del toque de queda funciona como un paraguas temporal, pero no como solución de fondo. Expertos consultados por este diario recuerdan que medidas limitantes de movilidad requieren acompañamiento: investigación judicial efectiva, control de fronteras, decomiso de armas y dinero, y programas de prevención que recuperen espacios públicos y oportunidades laborales para jóvenes en riesgo. Sin eso, la sensación pública puede oscilar entre el alivio momentáneo y la frustración por respuestas incompletas.

El anuncio llega además en plena campaña para las elecciones seccionales, dentro de cuatro semanas, donde la seguridad se perfila otra vez como tema central. La gestión estatal enfrenta el doble reto de mostrar resultados visibles en corto plazo, sin sacrificar reformas sostenibles a mediano plazo. En varios sectores se cuestiona la opacidad en la entrega de información y la coordinación entre gobierno central, municipios y policías locales.

Mientras tanto, vecinos y líderes comunitarios han empezado a organizar patrullajes barriales y mesas de diálogo con autoridades locales, una señal de que la sociedad busca respuestas más allá de la represión nocturna. La pregunta que queda en el aire es si el Estado usará estos diez días para construir una estrategia integral o si se limitará a apagar fuegos, uno tras otro.

Este diario seguirá el desarrollo de la medida y las cifras oficiales del Ministerio de Gobierno, la Policía Nacional y la Fiscalía, así como los testimonios de quienes viven en primera línea la violencia y la respuesta institucional.

Con información e imágenes de: France 24