Dan un alivio a heridas de México con su Corazón cicatrizado
El escenario del Foro Shakespeare se ilumina con una propuesta teatral que promete remover conciencias y, a la vez, arrancar sonrisas. Corazón cicatrizado, una obra que estará en temporada del 12 al 14 de diciembre, aborda las profundas y a menudo dolorosas heridas que marcan a México, pero lo hace a través de un prisma de esperanza y resiliencia.
La historia se centra en un grupo de jóvenes que, por diversas circunstancias, encuentran refugio y trabajo en un taller de piñatas. En vísperas de las fiestas patrias, estos personajes, interpretados por un talentoso elenco que incluye a Axel Láscari, Agustín de Jesús, Zaid Rolva, Ángel Zerman y Jonathan Alavez, dan vida a las complejas realidades de la juventud mexicana.
En entrevista con MILENIO, la actriz Gilary Negrete, quien da vida a Dolores, una sobreviviente de la masacre de Tlatelolco, compartió la esencia de la obra: «El tema general son las heridas abiertas y cicatrizadas de México. Están personalizadas en un grupo de chicos que por diversas razones han llegado a un taller de piñatas donde trabajan y viven».
La obra, dirigida por Mayra Araiza y Axel Láscari, no teme adentrarse en los temas más delicados del país. Cada personaje, proveniente de distintos estratos sociales y con historias de vida marcadas por el alcoholismo familiar, la presión política, el narcotráfico o la discriminación por su orientación sexual, se convierte en un espejo de las problemáticas que aquejan a la nación.
Corazón cicatrizado explora cómo estos jóvenes, al confrontarse, pueden llegar a identificarse, a enamorarse e incluso a buscar la manera de sanar sus propias cicatrices. Sin embargo, Negrete advierte que no todas las historias tendrán un final feliz: «A veces así es la vida, no siempre tenemos finales felices, pero está el intento continuo de no olvidar y de seguir adelante».
El personaje de Dolores, interpretado por Negrete, es particularmente conmovedor. A pesar de su edad, su vida se quedó anclada en el traumático 2 de octubre de 1968. Para el público, ella es una figura mayor que cuida a los jóvenes del taller, pero para ella, sigue siendo la joven activista que perdió a su familia, a su pareja, a su hijo y hasta sus ideales. Su dureza, lejos de ser crueldad, es el reflejo de un dolor profundo y la lucha por seguir adelante sin perder la poca esperanza que le queda.
La metáfora del taller de piñatas es potente. Representa al mexicano y a la nación misma: colorida, diversa, llena de formas, pero también vacía, capaz de ser llenada de diferentes contenidos. Sólidas como el barro, pero frágiles y propensas a romperse.
A pesar de la crudeza de los temas que aborda, Corazón cicatrizado no pretende ser una experiencia sombría. Negrete asegura que la obra también está impregnada del característico humor mexicano: «Hay escenas duras pero también divertidas, nosotros queremos mostrar la parte bella y divertida del país, porque somos especialistas en hacer bromas de nuestras tragedias, entonces hay risas, son jóvenes que están viviendo la vida».
La reflexión, la risa y el orgullo de ser mexicanos son los pilares sobre los que se construye esta propuesta escénica. En medio de las dificultades, las tradiciones y las festividades son las que ofrecen un contrapeso, un ancla para seguir adelante.
Corazón cicatrizado, escrita por William C. Bietsch, forma parte de una trilogía creativa que incluye el documental Corazones Fracturados y el videoclip musical Corazón Sanado. Una obra que, sin duda, promete ofrecer un respiro y un necesario diálogo sobre las cicatrices que definen la identidad de un país.
La obra se presentará en el Foro Shakespeare del 12 al 14 de diciembre. Tiene una duración de 120 minutos y los boletos tienen un costo de $150 pesos.
