Midterms: el auge de centros de datos que castiga a comunidades y al clima

Mientras las grandes tecnológicas prometen energía limpia, cientos de condados ven cómo suben las tarifas y se tensiona la red eléctrica. Informa Diego Bazzani.

La carrera por instalar centros de datos —las enormes naves que alimentan la inteligencia artificial— se parece a un río que cambia de cauce: trae inversiones y empleo, pero también erosiona el suelo donde vive la gente. En estados como Virginia, Texas, Arizona, Iowa y Ohio, la llegada masiva de instalaciones de Google, Microsoft, Amazon y otras ha desatado un debate que llega justo de cara a las midterms: ¿quién paga la factura real?

Los reportes de The New York Times y Reuters han documentado que la demanda eléctrica vinculada a estos centros ha presionado redes locales y elevado costos para consumidores residenciales. La Energy Information Administration, en sus análisis, constata un aumento de consumo eléctrico asociado a la expansión del sector tecnológico, mientras grupos como Sierra Club advierten sobre el riesgo de que la generación adicional provenga de plantas a gas o carbón si la planificación es insuficiente.

En comunidades rurales la promesa de empleo y de ingresos fiscales ha chocado con facturas de luz más altas, permisos otorgados sin estudios ambientales rigurosos y exenciones fiscales generosas. Funcionarios municipales, que según reportes locales citados por medios nacionales han aprobado incentivos para atraer empresas, argumentan que sin esas medidas la inversión no llegaría. Los vecinos, en cambio, cuentan otra historia: subidas en la tarifa, contratos opacos y poco control sobre el consumo de agua para refrigeración.

No todo es negro: las tecnológicas publican acuerdos de compra de energía renovable (PPA) y programas de neutralidad de carbono. Pero como ha explicado el think tank RMI y diversas investigaciones periodísticas, las PPAs no siempre implican que la electricidad que usa un centro de datos sea limpia de forma inmediata; muchas veces se depende de proyectos eólicos o solares que se construyen en otra región y en tiempos distintos, dejando un vacío de emisiones en el presente.

Frente a esto, candidatos y autoridades locales proponen medidas: exigir que los centros financien las mejoras de la red, limitar exenciones fiscales sin contrapartidas sociales, imponer auditorías ambientales y cerrar acuerdos de beneficio comunitario que incluyan empleo local y protección de recursos hídricos. Son soluciones prácticas que piden transparencia y responsabilidad corporativa.

La enseñanza es clara: no se trata de frenar la innovación, sino de ponerle reglas. Si los votantes quieren que la tecnología impulse bienestar y no que cargue costos sobre los barrios y el clima, las midterms serán una oportunidad para exigir políticas que obliguen a las empresas a asumir el costo real de su expansión. Periodistas y organizaciones como The New York Times, Reuters y la EIA han trazado el mapa del problema; corresponde ahora a la ciudadanía y a sus representantes decidir la ruta.

Diego Bazzani

Con información e imágenes de: France 24