La generación que vota a la derecha: así cambió Netanyahu a la juventud israelí
En las próximas elecciones 550.000 israelíes de entre 18 y 22 años pondrán por primera vez su papeleta en una urna que, en muchos casos, ya viene marcada por una década de gobierno de Benjamin Netanyahu, el trauma del ataque de Hamás del 7 de octubre y episodios recurrentes de confrontación con Irán y Hezbolá. Según encuestas citadas por Canal 12 y análisis del Israel Democracy Institute, esta cohorte es más religiosa y más nacionalista que las anteriores: el 74% declara preferencia por candidaturas de centro, derecha o extrema derecha, un bloque cuyo voto puede decidir una elección tan reñida como la actual.
La transformación no fue súbita. Es el resultado de una confluencia entre política, seguridad y cambios sociales. Para muchos jóvenes entrevistados por nuestra corresponsal Janira Gómez Muñoz, la promesa de seguridad y orden pesa más que otras demandas tradicionales de la juventud —empleo, educación, vivienda— porque la sensación de inseguridad es tangible: familias rotas, amigos que sirvieron en el frente y relatos cotidianos de misiles o sirenas que marcan la memoria.
“No quiero teorías, quiero que mi barrio esté en paz”, resume Tamar, 19 años, residente en el sur. “Si eso significa confiar en líderes que parecen más duros, es lo que haré”. Sus palabras reflejan un patrón: la prioridad por la seguridad nacional ha desplazado otras preocupaciones, y las narrativas identitarias —religiosa y nacionalista— han encontrado un caladero entre jóvenes que crecieron bajo la sombra de las políticas de Netanyahu y de sucesivos conflictos.
Los datos demográficos ayudan a entender el fenómeno. El aumento de la natalidad en comunidades religiosas y ultraortodoxas, junto con una mayor movilización política de sectores nacionalistas, altera la composición del electorado joven. A esto se suma una percepción, extendida en ciertos entornos, de que los gobiernos de cambio no resolvieron los problemas existenciales del país y que la experiencia de crisis valida soluciones más autoritarias o de mano dura.
Las políticas concretas también cuentan. Las promesas de mayor inversión en perímetros y tecnología defensiva, la retórica sobre soberanía y control territorial, y medidas sociales dirigidas a familias religiosas han reforzado el vínculo entre esos grupos y las formaciones de derecha. Al mismo tiempo, la polémica reforma judicial impulsada por el ejecutivo de Netanyahu y la ola de protestas que generó han polarizado a la sociedad, empujando a algunos jóvenes hacia posiciones que priorizan estabilidad institucional y seguridad sobre debates civiles y libertades que para otros son centrales.
No todo es uniforme ni irreversible. Existen jóvenes secularizados, progresistas, y muchos que reclaman políticas públicas que mejoren salarios, vivienda y educación. Pero su peso relativo se ha reducido frente a la marea demográfica y emocional que favorece a la derecha en este segmento etario. Organizaciones cívicas y grupos estudiantiles intentan contrarrestarlo con campañas de movilización y alfabetización cívica; su éxito determinará si el mapa político joven cambia a medio plazo.
Desde un enfoque crítico y de centro-izquierda, es imprescindible señalar que la inclinación de la juventud hacia la derecha tiene costos y beneficios palpables. En positivo, un electorado preocupado por la seguridad puede impulsar inversiones en protección civil y tecnologías que reduzcan vulnerabilidades. En negativo, el predominio de la agenda securitaria corre el riesgo de desatender la justicia social, la igualdad de oportunidades y las libertades civiles, además de profundizar divisiones internas que erosionan la cohesión social.
La responsabilidad recae en las instituciones y en la sociedad: traducir las legítimas inquietudes de los jóvenes en políticas públicas que no sacrifiquen derechos ni exclusión social. El periodismo, por su parte, debe seguir explicando cómo decisiones de alto voltaje político afectan el día a día de familias como la de Tamar, mostrando que detrás de cifras y encuestas hay vidas en juego.
El reportaje, de nuestra corresponsal Janira Gómez Muñoz. Fuentes consultadas: Canal 12 y el Israel Democracy Institute.
