Giro en las favelas: Flávio Bolsonaro gana terreno entre electores pobres

Por Valeria Saccone. Enviado especial

Un viento distinto recorre las calles de Rocinha, Complexo do Alemão y otras favelas del litoral: no es sólo la promesa de ingresos o programas sociales lo que mueve el voto, sino un conjunto de valores que ha encontrado eco en la figura de Flávio Bolsonaro. Nuestra corresponsal Valeria Saccone y encuestas de terreno registradas en las últimas semanas señalan un aumento sostenido del apoyo hacia el candidato del bolsonarismo entre hogares con recursos limitados.

«La gente ya no vota sólo con la billetera», dice una vendedora ambulante en una esquina de la favela. «Quieren respeto, seguridad, que les digan la verdad». Esa sensación —reconocida por varios vecinos entrevistados por Saccone— resuena con datos de sondeos locales que muestran que, para muchos, valores como la religiosidad, el orden y la lucha contra lo que perciben como corrupción intelectual pesan más que las propuestas económicas detalladas.

Los líderes comunitarios consultados explican que el bolsonarismo ha sabido traducir esos anhelos en un discurso directo y simbólico. «Ofrecen una narrativa de reconocimiento: ‘ustedes no son invisibles’», explica un educador social de una ONG de Río de Janeiro que prefirió mantener anonimato. Esa narrativa calza con la decepción acumulada ante fallas concretas del Estado: patrullaje irregular, escuelas con falta de recursos, servicios de salud sobrecargados. Cuando la gente vive el deterioro cotidiano, los mensajes que prometen mano dura y valores simples pueden resultar más persuasivos que programas técnicos mal comunicados.

Sin embargo, el fenómeno no es homogéneo. Saccone registra que en barrios donde las políticas públicas locales funcionan mejor, donde hay proyectos comunitarios sostenidos y redes de apoyo, el voto sigue más vinculado a propuestas sociales y a la gestión pública. Allí, la estrategia de Lula, centrada en la reducción de la pobreza y la ampliación de servicios, mantiene adhesiones claras.

El giro plantea interrogantes para la izquierda: ¿cómo recuperar la confianza de quienes, a pesar de beneficiarse de programas sociales, priorizan identidad y valores por encima de la agenda material? Expertos citados por nuestra corresponsal sugieren que la respuesta pasa por combinar la redistribución con una comunicación que reconozca la dignidad simbólica de los barrios, mejore la seguridad con políticas comunitarias y fortalezca la participación ciudadana.

También hay un factor tecnológico: las redes sociales y canales de mensajería han acelerado la difusión de mensajes simplificados y símbolos fuertes, creando ecos que multiplican percepciones y miedos. «No es sólo lo que se ofrece, sino cómo se cuenta», apunta un sociólogo entrevistado por Valeria Saccone.

Desde el punto de vista práctico, el avance de Flávio Bolsonaro en sectores populares pone sobre la mesa la necesidad de reformas estructurales en seguridad, educación y acceso a servicios básicos. La crítica no debe quedarse en el diagnóstico: urge evaluar cómo convertir los programas de reducción de la pobreza en políticas visibles y tangibles en la vida cotidiana de las personas.

El cambio en el mapa electoral de las favelas, registrado por nuestra corresponsal y reflejado en sondeos de campo recientes, es una llamada de atención para quienes apuestan por la justicia social: la eficacia de una política se mide tanto por montos y cobertura como por la capacidad de escucharlos, de reconocer su identidad y de dar respuestas claras frente a la inseguridad y la falta de oportunidades.

La elección se acerca y las historias recogidas por Valeria Saccone muestran que no basta con promesas económicas. En los pasillos estrechos de las favelas, la política sigue siendo un tejido de símbolos, necesidades y expectativas. El reto para la centro-izquierda es hablar ese lenguaje sin renunciar a la justicia social ni a la verdad de los datos.

Con información e imágenes de: France 24