Marath Bolaños: «Con la reducción gradual de la jornada laboral no habrá un impacto en el empleo ni en la productividad»

Un giro histórico para el descanso: la jornada laboral en México se prepara para una transformación gradual

El reloj avanza y con él, una de las deudas históricas del país empieza a saldarse. Tras intensas negociaciones que se extendieron por cinco meses, involucrando a empresarios y líderes sindicales, la iniciativa para reducir la jornada laboral en México ha dado sus primeros pasos firmes, alcanzando ya el poder Legislativo. La propuesta, impulsada por el Gobierno de Claudia Sheinbaum, contempla una disminución paulatina de dos horas por año en la jornada semanal, con miras a que, para 2030, se alcance la meta de 40 horas semanales. Esto se traducirá, en la práctica, en dos días de descanso por cada cinco de trabajo para los empleados mexicanos.

La visión del Secretario del Trabajo: un equilibrio necesario

Marath Bolaños, Secretario del Trabajo y Previsión Social, originario de Nezahualcóyotl y con 39 años de edad, reconoce que la aspiración de una reducción más acelerada era palpable en diversos sectores. Sin embargo, defiende la estrategia de implementación gradual como una medida prudente y necesaria. «Sabemos que es una deuda histórica y muchos deseaban un cambio más rápido», comentó Bolaños en una entrevista. «Pero diferir la aplicación nos permitirá a las empresas, a nuestro ritmo, adaptar sus procesos, invertir en tecnología y reorganizar sus flujos de trabajo. El objetivo es claro: garantizar que esta reforma sea un motor de bienestar sin sacrificar la productividad ni la generación de empleo».

La lógica detrás de esta postura es simple: una implementación abrupta podría generar incertidumbre y resistencia en el sector empresarial. Al dar un margen de tiempo razonable, se espera que las compañías puedan planificar mejor, identificar cuellos de botella y, en algunos casos, incluso potenciar su eficiencia mediante la innovación. «No se trata de quitar horas de trabajo sin más», enfatiza Bolaños. «Se trata de repensar cómo trabajamos para ser más eficientes y, al mismo tiempo, mejorar la calidad de vida de las personas. La productividad, vista desde una perspectiva moderna, no siempre está atada a la cantidad de horas pasadas en la oficina o la fábrica. Está ligada a la concentración, al bienestar del trabajador y a la optimización de recursos».

Una reforma con rostro humano: el impacto en la vida cotidiana

Para el trabajador mexicano, esta reforma representa una oportunidad sin precedentes para recuperar tiempo valioso. Tiempo para la familia, para el ocio, para la formación continua, o simplemente para descansar y recargar energías. Imaginemos a un padre o madre de familia que ahora podrá pasar una tarde completa con sus hijos los fines de semana, o a un joven que tendrá más espacio para continuar sus estudios o desarrollar un proyecto personal. Esta no es solo una cuestión de números en una planilla de sueldos, es una mejora directa en la calidad de vida.

La reducción gradual, como explica el Secretario, busca ser como el ajuste de un motor que se va optimizando poco a poco. No se trata de un frenazo brusco, sino de una calibración progresiva que asegura que el vehículo siga funcionando a pleno rendimiento. Los empresarios, por su parte, tendrán la oportunidad de analizar qué procesos pueden automatizarse, cómo reorganizar turnos o qué tecnologías implementar para mantener e incluso aumentar su producción. Un ejemplo podría ser una empresa manufacturera que, ante la menor jornada, invierte en maquinaria más rápida y eficiente, o una firma de servicios que optimiza sus sistemas de gestión para atender a más clientes en menos tiempo.

La voz de los expertos y el camino por delante

Si bien el consenso político es un paso crucial, el éxito de esta reforma dependerá en gran medida de la colaboración y el compromiso de todos los actores. Expertos en derecho laboral y economía han señalado que la clave estará en la supervisión efectiva y en el acompañamiento a las empresas, especialmente a las pequeñas y medianas, que pueden enfrentar mayores retos en la adaptación. La Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex), por ejemplo, ha manifestado su disposición a colaborar, siempre y cuando se garantice la viabilidad económica de las empresas.

El camino no estará exento de desafíos. La cultura laboral arraigada en México, que a menudo equipara largas jornadas con dedicación y compromiso, deberá evolucionar. Sin embargo, el Secretario Bolaños se muestra optimista. «Estamos sembrando las bases para un futuro laboral más humano y productivo», afirmó. «Esta reforma es un paso más hacia un México donde el trabajo dignifique, pero también donde la vida personal sea tan valiosa como la profesional. La productividad no se mide solo en horas, sino en resultados y en el bienestar de quienes los generan».

A partir de 2027, los mexicanos comenzarán a sentir el impacto tangible de esta nueva era laboral. Una era que promete más descanso, más tiempo para lo que realmente importa, sin que, según las proyecciones oficiales, la economía del país sufra un tropiezo.

Con información e imágenes de: elpais.com