Horas robadas: cómo el tráfico devora la vida de los mexicanos

La saturación de las vialidades no es solo un inconveniente diario: es un impuesto invisible que rebaja salarios reales, enferma y reduce el tiempo con la familia. Según el TomTom Traffic Index, la Ciudad de México figura entre las urbes más congestionadas del mundo y en hora pico los viajes pueden alargarse hasta un 47%. El INEGI reporta además que millones de personas destinan más de una hora diaria en traslados, una cifra que pesa sobre la calidad de vida.

“Salgo a las seis para llegar a las ocho,” dice María, enfermera en Iztapalapa. “Me pierdo la cena de mis hijos y llego cansada.” Historias como la de María se repiten en Monterrey, Guadalajara y muchas ciudades medias donde el crecimiento urbano se dio sin plan integral. La Secretaría de Movilidad de la Ciudad de México, SEMOVI, reconoce avances en transporte masivo, pero también admite que las obras viales han quedado rezagadas frente al aumento del parque vehicular.

El problema tiene causas claras y evitables: expansión urbana dispersa, priorización del automóvil en la política pública, transporte público insuficiente y fragmentación institucional entre gobiernos municipales, estatales y la federación. El resultado es un círculo vicioso: más autos, más tiempo pérdida, más contaminación. Organismos como la OCDE y el Banco Mundial han advertido que la congestión erosiona la productividad y agrava problemas de salud pública por la mala calidad del aire.

Hay soluciones probadas que requieren voluntad política y asignación presupuestal. La ampliación de corredores de transporte masivo, como Metrobús en la capital, y la promoción de la bicicleta con sistemas como Ecobici son avances que muestran impacto positivo cuando se implementan con continuidad, según datos de la propia SEMOVI. La OCDE recomienda además políticas de manejo de la demanda, como tarifas de congestión y aparcamiento mejor regulado, junto con inversión sostenida en transporte público accesible y seguro.

El enfoque debe ser social: las personas de menores ingresos son las que más horas pierden por vivir lejos de sus empleos, según reportes del INEGI, y por eso las medidas tienen que priorizar equidad. Teletrabajo, horarios escalonados y subsidios condicionados al transporte público pueden aliviar la carga mientras se ejecutan obras estructurales.

No se trata solo de ingeniería vial. Es una decisión de país sobre cómo queremos vivir. Si la política pública sigue premiando la movilidad individual en vez del bien común, seguiremos perdiendo horas que no regresan. La pregunta para autoridades y ciudadanos es simple: ¿seguiremos aceptando que nos roben el tiempo, o invertiremos con justicia para recuperarlo?

Con información e imágenes de: informador.mx