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Vecinos acusan a Pablo Lemus por agua sucia y piden revocación tras represión

Decenas de habitantes salieron a las calles para exigir al gobierno municipal respuestas claras sobre la calidad del agua y para pedir la revocación del mandato, tras la represión registrada el domingo pasado, según reportes de El Informador.

La protesta comenzó por la mañana frente a las oficinas municipales. Vecinas y vecinos, con cubetas y fotografías de agua turbia, señalaron que las fallas en el suministro y la presencia de residuos en sus grifos no son episodios aislados, sino un problema recurrente que impacta su vida diaria: lavar ropa, cocinar, atender a niños y adultos mayores se vuelve un riesgo y un gasto extra cuando deben comprar agua embotellada.

“No se puede vivir así”, dijo una habitante de la colonia La Estancia, cuyo testimonio fue recabado en el mitin. “Nos han dejado sin agua limpia y ahora quieren privatizarla. Eso sería ponerla en manos de empresas y encarecerla más”.

Los manifestantes responsabilizaron directamente a Pablo Lemus por la falta de respuestas y por lo que describieron como “políticas que abren la puerta a la privatización del servicio”. Exigieron también una investigación independiente sobre la calidad del agua y la reparación inmediata de las redes afectadas.

La tensión escaló después de un choque entre manifestantes y fuerzas de seguridad el domingo pasado, que los organizadores calificaron de represión. Ese episodio motivó la petición formal de revocación de mandato contra el alcalde, una figura que para muchos vecinos representa la falta de transparencia en la gestión del agua y el deterioro de servicios básicos. El Informador documentó parte de las movilizaciones y recogió voces que pidieron garantías de no criminalización para quienes protestan.

Desde el punto de vista técnico, especialistas consultados por este medio recomiendan análisis periódicos por laboratorios acreditados y la publicación abierta de resultados. La opacidad alimenta la desconfianza: cuando la población percibe que las autoridades minimizan el problema, la respuesta ciudadana se endurece.

El caso tiene dimensiones políticas y sociales. Por un lado está el reclamo inmediato por agua potable, salud y economía doméstica. Por otro, la controversia sobre modelos de gestión hídrica y la inquietud por posibles movimientos hacia la iniciativa privada. La falta de comunicación institucional ha ampliado el malestar.

En su defensa, el gobierno municipal ha reconocido en ocasiones cortes y trabajos de mantenimiento, pero no ha ofrecido una hoja de ruta clara para garantizar la calidad del suministro ni respondió de forma pública a las demandas de revocación y de investigaciones independientes en los términos que piden los vecinos, según el seguimiento de El Informador.

Organizaciones civiles y colectivos vecinales exigieron medidas concretas: muestreos abiertos, reparaciones urgentes en las redes, un plan de contingencia para familias vulnerables y, sobre todo, transparencia en cualquier propuesta de cambio en la gestión del agua. Para muchas personas consultadas, el agua no es una mercancía sino un derecho básico.

La protesta dejó en claro que, más allá de la sigla partidista o la figura del alcalde, lo que preocupa a la gente es la salud de sus hogares y la garantía de servicios públicos dignos. Si las instituciones no responden con pruebas y medidas claras, advierten, el conflicto social puede escalar y las demandas de rendición de cuentas, como la revocación de mandato, cobrarán más fuerza.

El seguimiento del caso continuará en función de nuevas evidencias y de la respuesta oficial, mientras vecinos y organismos locales insisten en que la prioridad debe ser asegurar agua limpia y accesible para todas las familias.

Fuente: El Informador

Con información e imágenes de: Reforma