Comparar no es comprender: la verdad que ocultan las cifras de salud pública

Ese año IMSS, IMSS-BIENESTAR e ISSSTE sumaron 156 millones de consultas generales y 45 millones de especialidad

Las cifras impresionan, pero engañan. Que el Instituto Mexicano del Seguro Social, IMSS-BIENESTAR y el ISSSTE reporten 156 millones de consultas generales y 45 millones de consultas de especialidad dice algo: el sistema público atiende a millones. Pero no dice todo. Comparar esos números como si fueran manzanas idénticas es una trampa que oculta desigualdades, diferencias en calidad y problemas estructurales que afectan la vida cotidiana de las familias.

Una consulta en Ciudad de México no equivale a una consulta en una comunidad rural de Oaxaca. IMSS-BIENESTAR tiene una misión explícita de llevar servicios a zonas marginadas; el IMSS atiende a trabajadores formales en áreas urbanas y grandes hospitales; el ISSSTE atiende a trabajadores del Estado. Cada institución opera con plantillas, recurso médico y cobertura poblacional distintos. Cuando la Secretaría de Salud, o las propias instituciones, difunden totales agregados sin desagregar por región, por resolución clínica o por tiempo de espera, el resultado es una narrativa inflada que sirve más a la política que a la mejora real del servicio.

Las cifras no registran cuántas consultas resuelven el problema médico, cuántas derivan en tratamientos completos, ni cuántas son reconsultas por falta de diagnóstico o medicamentos. Tampoco muestran el costo real para una familia: transporte, días de trabajo perdidos, pagos por estudios que el sistema no cubre. Para millones, una consulta es una jornada de mañana completa, y a veces el inicio de una odisea para conseguir un especialista o un medicamento.

Además, la concentración de especialistas y equipos en centros urbanos produce colas largas y saturación en hospitales generales. Mientras los números totales suben, muchas plazas rurales siguen sin médico de base, y la telemedicina no llena la brecha de infraestructura ni la desconfianza de pacientes que requieren exploración física.

Comparaciones simples entre instituciones alimentan debates partidistas: quién “hace más” o “gasta menos”. Pero sin estándares comunes de calidad, indicadores como tiempo para agendar, tasa de resolución en primer contacto, y disponibilidad de medicamentos, esas comparaciones son poco útiles. La transparencia existe, pero hace falta más desagregación y medición de resultados reales.

¿Qué se puede hacer? Obligar a publicar datos desagregados por unidad médica, por región y por tipo de consulta. Medir la resolución clínica, no solo el acto de la consulta. Priorizar inversión en primer nivel de atención para resolver más en la consulta inicial. Y responsabilizar a las instituciones, IMSS, IMSS-BIENESTAR e ISSSTE, con indicadores que importen a la gente: tiempos de espera, continuidad de tratamientos y acceso a medicamentos.

Si queremos que las cifras de salud pública cuenten una historia justa, hay que dejar de usarlas como trofeo y empezar a usarlas como mapa. Un mapa que muestre dónde hay caminos cerrados y dónde hace falta poner un puente. La salud no se arregla con titulares; se arregla con datos útiles, inversión sostenida y decisiones que mejoren la vida cotidiana de quienes menos tienen.

Fuente: IMSS, IMSS-BIENESTAR e ISSSTE.

Con información e imágenes de: Heraldodemexico.com.mx