Simón obliga a cancelar clases en municipios costeros; escuelas funcionan como refugios temporales
Este lunes las autoridades anunciaron la suspensión de clases en varios municipios de la costa del Pacífico ante el paso del huracán Simón, una medida que no aplica de manera uniforme sino únicamente en las zonas donde se han identificado riesgos o en los planteles habilitados como albergues, informó la Secretaría de Educación en coordinación con la Coordinación Nacional de Protección Civil.
La decisión —respaldada por avisos meteorológicos de la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA) y el Centro Nacional de Huracanes— busca priorizar la seguridad, pero revela dos caras: por un lado evita exponer a niñas y niños a condiciones peligrosas; por otro, evidencia la precariedad en la que aun operan muchas escuelas, convertidas de la noche a la mañana en «colchones» para la emergencia sin recursos suficientes.
“Nos avisaron ayer por la tarde; no sabíamos si traer la documentación de la escuela o solo lo indispensable para la familia”, cuenta María, madre de una alumna de primaria en un municipio costero, quien fue a preparar la mochila por si su comunidad debía movilizarse a un plantel convertido en refugio. Testimonios recogidos por este periódico muestran preocupación por la falta de información clara y por la capacidad de los albergues para atender necesidades básicas.
Protección Civil estatal explicó que la medida sólo alcanza a los municipios con riesgo de inundación, deslaves o marejadas ciclónicas, y que los planteles que abren sus puertas como refugios cumplen criterios mínimos de seguridad. Sin embargo, fuentes en oficinas municipales reconocen carencias: mantas, colchonetas y recursos para atención médica y psicológica son limitados, y la logística para recibir familias no siempre está establecida.
La conversión de escuelas en refugios vuelve a poner sobre la mesa una pregunta vieja: ¿por qué no invertir antes en infraestructura y planes de emergencia que permitan mantener la educación en condiciones dignas y, al mismo tiempo, proteger a la comunidad? Desde el ámbito educativo reclaman fondos para rehabilitar techos, fortalecer muros y dotar de insumos básicos a los planteles. La Secretaría de Educación asegura que se trabaja en protocolos y en coordinar despachos estatales y municipales.
El uso de planteles como albergues tiene ventajas claras: son espacios conocidos por la comunidad, suelen estar cerca de zonas pobladas y facilitan la entrega de ayuda. Pero también acarrea costos: daños a mobiliario, suspensión de clases prolongada y la posible exposición de estudiantes a espacios con hacinamiento o falta de higiene si las autoridades no proveen lo necesario, advierten organizaciones civiles consultadas por este medio.
En lo inmediato, las autoridades llaman a la población a mantenerse informada por las cuentas oficiales de CONAGUA y Protección Civil, a atender las alertas y a respetar las indicaciones de evacuación. A mediano plazo, expertos y padres demandan un plan integral que contemple inversión en escuelas seguras, centros comunitarios preparados y canales claros de comunicación para evitar decisiones de último minuto que golpean la cotidianidad de familias trabajadoras.
Simón recuerda que la gestión del riesgo no es solo una cuestión meteorológica; es una apuesta por la prevención y la equidad. Si las escuelas deben convertirse en paraguas cuando llueve, el Estado tiene la obligación de reforzarlas para que no terminen por ahogar el derecho a la educación y la dignidad de quienes las usan como refugio.
Las autoridades mantienen la vigilancia y prometen actualizaciones, según reportes de la Secretaría de Educación, CONAGUA y Protección Civil.
