Concreto y memoria: Sabino Guisu reinventa el mobiliario urbano con estética zapoteca

La ciudad recibió esta semana una colección de mobiliario experimental que obliga a mirar la calle de otra manera: bancos, mesas y piezas utilitarias que combinan bloques de hormigón bruto con entrelazados de raíces y motivos escalonados inspirados en la greca mesoamericana. El autor, el artista istmeño Sabino Guisu, presenta la muestra como una búsqueda de lo esencial: piezas sencillas en forma pero complejas en significado, según el propio Guisu.

Visiblemente marcada por la influencia del brutalismo soviético —plano, pesado, honesto en su materialidad— la serie dialoga con la tradición zapoteca a través de la repetición geométrica y la greca escalonada. El contraste es deliberado: la frialdad del concreto frente a la calidez de la raíz, la modernidad industrial frente a la memoria indígena. «Quise que las piezas se leyeran como arquitectura doméstica: útiles, resistentes y con historia», explicó Sabino Guisu en una conversación con este periódico.

La muestra, presentada con el apoyo de la Secretaría de Cultura de Oaxaca, plantea preguntas que van más allá de lo estético. ¿Pueden estas piezas transformar el espacio público sin convertirse en monumentos que ignorin las necesidades vecinales? ¿Qué costo ambiental y social tiene ensalzar el hormigón como material central en un contexto donde la sustentabilidad debería ser prioridad? La respuesta no es única: las piezas funcionan como prototipos y también como provocación.

Desde el punto de vista social, la política cultural local tiene la oportunidad de amplificar iniciativas como esta si acompaña con inversión pública que privilegie producción local, capacitación y criterios ambientales. Sin ese marco, el riesgo es que el diseño creativo quede encerrado en una galería o sea apropiado por mercados que no redistribuyen beneficios a las comunidades de origen.

Articulado con información histórica sobre el brutalismo y las grecas prehispánicas, el trabajo de Guisu pone sobre la mesa la tensión entre patrimonio y modernidad. Críticos consultados en la inauguración destacaron la honestidad formal de las piezas, pero también señalaron la necesidad de pensar en desmontabilidad y reciclaje: concretar una banca no debería significar cerrar opciones de reutilización.

La exposición permanecerá abierta al público en la Casa de la Cultura de Oaxaca hasta finales de mes, y según Sabino Guisu, parte de las piezas serán instaladas temporalmente en plazas de la ciudad para evaluar su respuesta comunitaria. Es una oportunidad para que ciudadanos y autoridades discutan, en voz alta, qué mobiliario queremos en nuestras calles: el que impone una estética o el que mejora la vida cotidiana.

Con información e imágenes de: Heraldodemexico.com.mx