El Gobierno de Sheinbaum tropieza con la firmeza del campo

Octubre trajo un respiro, un acuerdo *in extremis* que detuvo por un tiempo los bloqueos del sector agrícola. Parecía que las aguas volverían a su cauce, pero un mes después, la realidad se impone con una fuerza que el Ejecutivo no anticipó. El campo mexicano, un gigante que alimenta al país, ha decidido alzar la voz con una contundencia sin precedentes, dejando en evidencia la fragilidad de las soluciones superficiales y la profundidad de sus reclamos.

Este martes, las negociaciones con la Secretaría de Gobernación se rompieron. Los representantes del campo, empoderados por una unidad interna sólida y un respaldo inesperado de los transportistas, se levantaron de la mesa. La estrategia del gobierno, que buscaba diluir la protesta con diálogos esporádicos, no ha funcionado. La desconfianza es palpable, y los cortes en las carreteras, que se han convertido en la principal herramienta de presión, continuarán.

¿Qué hay detrás de esta firmeza? Dos preocupaciones fundamentales que tocan el corazón de quienes trabajan la tierra y arriesgan su sustento en cada cosecha: la inseguridad que asola los trayectos de los productos y los precios que reciben, a menudo irrisorios, por el fruto de su esfuerzo. Hablamos de pérdidas millonarias, de miedo en el camino y de la sensación de que su trabajo no es valorado.

El campo no es un actor aislado. Su protesta resuena en las mesas de las familias mexicanas, en los mercados y en la cadena de suministro de alimentos. Cuando los agricultores no pueden sacar sus productos, todos, de una u otra forma, lo sentimos en el bolsillo y en la disponibilidad de lo que comemos.

*La búsqueda de soluciones concretas*

La información recabada señala que las demandas del sector agrícola van más allá de un simple comunicado o una promesa. Buscan acciones tangibles para mitigar la inseguridad que sufren diariamente, desde robos de cosechas en pie hasta asaltos violentos en las carreteras. Y en cuanto a los precios, exigen mecanismos que aseguren una comercialización justa, que les permita cubrir costos, reinvertir y tener una vida digna.

La cohesión entre los agricultores es clave. Han logrado articular sus necesidades y presentarlas de manera unificada, lo que les otorga un peso político significativo. Este empoderamiento se ve fortalecido por la alianza con los transportistas, quienes también padecen las consecuencias de la inseguridad y la ineficiencia logística.

*El pulso al gobierno*

La estrategia de protestas intermitentes, que ya lleva un mes, ha demostrado ser efectiva para mantener la presión sobre el gobierno. Cada corte de carretera, aunque genere inconvenientes temporales, es un recordatorio constante de la urgencia de atender las demandas del campo.

Este no es un tema menor. El campo mexicano es un pilar de la economía y de la identidad nacional. Su bienestar está intrínsecamente ligado al bienestar de la población en general. Las soluciones que se busquen deben ser profundas y sostenibles, no meros parches temporales.

*¿Qué sigue?*

El Gobierno de Sheinbaum enfrenta un reto mayúsculo. La firmeza del campo le obliga a replantear su estrategia y a ofrecer respuestas que vayan más allá del discurso. La mesa de diálogo, para ser efectiva, debe ser un espacio para la negociación real, para la construcción conjunta de soluciones que aseguren la viabilidad del sector y la tranquilidad de quienes lo integran. La suerte de octubre no se repetirá si no se abordan las causas de fondo de esta profunda inquietud que hoy resuena en cada carretera bloqueada.

Con información e imágenes de: elpais.com