Torreón en riesgo: salud mental adolescente bajo presión
“El acompañamiento familiar también puede construirse a partir de acciones cotidianas que permitan a los adolescentes sentirse escuchados y acompañados”, señala la académica María González, de la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Coahuila.
En Torreón crece una alarma que no siempre aparece en los reportes oficiales: el impacto emocional en adolescentes está dejando huellas profundas. Datos nacionales y observaciones locales coinciden en que la combinación de violencia, precariedad económica, aislamiento postpandemia y el uso intensivo de redes sociales ha aumentado los cuadros de ansiedad, depresión y conductas autolesivas entre jóvenes.
Según reportes de la Secretaría de Salud y registros del INEGI, México ha visto un aumento sostenido en los trastornos mentales entre la población joven en los últimos años, y la Organización Mundial de la Salud advierte que los trastornos mentales y el suicidio son de las principales causas de muerte en la franja de 15 a 29 años. En Torreón, actores sociales y profesionales de la salud mental dicen que esas tendencias se sienten en escuelas, centros de salud y hogares.
Profesionales consultados por este medio reportan que muchas familias llegan tarde: buscan ayuda cuando las crisis ya son severas. La oferta pública de atención psicológica en Coahuila sigue siendo insuficiente para la demanda. La Comisión Estatal de Derechos Humanos de Coahuila ha documentado además brechas en la protección de adolescentes en contextos de violencia y en situación de vulnerabilidad socioeconómica, lo que agrava el riesgo.
Una madre de Torreón cuenta que su hijo dejó de hablar sobre la escuela y empezó a pasar horas solo, con cambios de ánimo y problemas para dormir. Tras varios intentos, consiguió una cita con un psicólogo privado; el proceso fue costoso y con tiempos de espera largos en los servicios públicos. Historias como esta ilustran un problema de acceso y de prevención.
La académica María González insiste en que el acompañamiento familiar es parte de la respuesta: “Pequeñas acciones cotidianas —preguntar sin juzgar, establecer rutinas, acompañar en el uso de redes— pueden reducir la sensación de aislamiento”. Pero subraya que la familia sola no basta; hacen falta políticas públicas claras.
¿Qué está fallando a nivel institucional? La crítica es contundente pero constructiva: faltan programas escolares de detección temprana, más psicólogos y personal capacitado en instituciones educativas, y recursos municipales destinados a la salud mental. Organizaciones sociales y docentes proponen convertir las escuelas en espacios de prevención, con protocolos claros y redes de apoyo comunitario.
Desde el enfoque de políticas públicas, la recomendación de especialistas pasa por tres líneas: incrementar la inversión en salud mental adolescente, formar y distribuir mejor a profesionales en el territorio y articular acciones entre escuelas, centros de salud y servicios sociales. Datos de CONEVAL sobre pobreza y desigualdad recuerdan que las condiciones socioeconómicas también determinan la salud emocional; sin atacar esas raíces, las intervenciones serán parciales.
La situación en Torreón exige una respuesta integral: más atención desde la Secretaría de Salud estatal y municipal, programas escolares de prevención, y recursos para que las familias encuentren apoyo sin costos prohibitivos. Si no se actúa, la crisis emocional de hoy puede convertirse en un problema de generaciones.
Periodistas locales, académicos y defensores de derechos humanos coinciden en algo: no se trata solo de tratar síntomas, sino de reconstruir tejido social. Como apunta María González, la escucha cotidiana es un punto de partida, pero la ciudad necesita políticas firmes y recursos para transformar esa buena intención en resultados palpables.
Fuentes: Secretaría de Salud, INEGI, Organización Mundial de la Salud, Comisión Estatal de Derechos Humanos de Coahuila, Universidad Autónoma de Coahuila.
