Cofepris defiende inocuidad de alimentos mexicanos tras alertas en Estados Unidos
Cofepris aseguró que los análisis de laboratorio de autoridades estadounidenses no hallaron Salmonella Javiana en las muestras ambientales recolectadas.
La Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) publicó un comunicado en el que niega un vínculo directo entre alimentos mexicanos y los recientes brotes de Salmonella Javiana reportados en varios estados de Estados Unidos. Según la dependencia, los análisis de laboratorio realizados por autoridades estadounidenses no detectaron la presencia de la bacteria en las muestras ambientales recolectadas.
En su nota, Cofepris cita resultados compartidos por las agencias norteamericanas, entre ellas los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) y la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA), que hasta ahora no han establecido una relación causal entre productos mexicanos y los casos de infección. Esa precisión calma en parte la alarma pública, pero no cierra el capítulo de la incertidumbre.
Es importante recordar que en una investigación epidemiológica la ausencia de la bacteria en muestras ambientales no equivale a una prueba de inocuidad absoluta. Un negativo puede deberse al muestreo tardío, a la variabilidad en la persistencia del patógeno o a que la cadena de investigación aún está incompleta. La Cofepris lo reconoce y afirma que mantiene comunicación con las autoridades estadounidenses y que se realizan revisiones en puntos de exportación e inspecciones a productores.
Para los productores mexicanos, especialmente las pequeñas y medianas empresas agrícolas, la sola difusión de un presunto vínculo es como una sombra que se extiende sobre su trabajo: cae la demanda, sube la pérdida de ingresos y aparecen trabas comerciales. La Secretaría de Agricultura y el Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (SENASICA) han sido convocados en diversas ocasiones a reforzar medidas de trazabilidad y capacitación, pero los productores piden más apoyo económico y técnicos para implementar controles que la demanda global exige.
En el plano ciudadano, la negación oficial alivia temores, pero no apaga la necesidad de información clara y accesible. La población tiene derecho a saber qué productos fueron muestreados, en qué fechas y qué protocolos se aplicaron. La transparencia institucional no es un lujo; es la llave que restaura confianza entre consumidores, mercados y autoridades.
Desde una postura crítica y constructiva: es positivo que Cofepris haga público el resultado de esos análisis, pero la agencia y sus contrapartes en Estados Unidos deben ir más allá de comunicados. Hace falta publicar datos técnicos esenciales, establecer canales de comunicación continuos y ofrecer apoyo visible a los agricultores que podrían verse afectados por retiradas preventivas o pérdidas comerciales. Así se evita que la desinformación actúe como un incendio que consume reputaciones sin distinguir entre negligencia y azar.
La salud pública y el comercio internacional son como dos ruedas que deben girar al mismo ritmo. Si una se traba por sospechas no aclaradas, la otra se resiente. Por eso, la investigación debe seguir, con más muestreos, auditorías a la trazabilidad y campañas informativas dirigidas a consumidores y productores. Las instituciones como Cofepris, la CDC y la FDA tienen la responsabilidad de colaborar públicamente y con datos verificables.
Mientras tanto, los especialistas recomiendan medidas sencillas y prácticas para reducir riesgos: lavar frutas y verduras, conservar alimentos a temperaturas seguras y prestar atención a comunicados oficiales. Estas son precauciones cotidianas que no sustituyen la responsabilidad institucional, pero sí ayudan a las familias a proteger su salud mientras las autoridades concluyen sus indagatorias.
La fotografía final que necesita México es la de un sistema de inocuidad resiliente: transparencia, apoyo a productores y cooperación internacional. Cofepris ha dado un paso al negar el vínculo con base en los análisis citados, pero la demanda pública es clara: más datos, más diálogo y políticas concretas que blinden tanto la salud de la población como la economía de quienes producen los alimentos que llegan a nuestras mesas.
