AMLO acusa a Estados Unidos de volcarse a la fuerza y dejar atrás a su propio pueblo
El presidente Andrés Manuel López Obrador afirmó que Estados Unidos se transformó en una potencia centrada en lo material y en el poder militar, y que esa elección ha venido acompañada de la incapacidad para atender las causas sociales y las necesidades de su gente. En su conferencia matutina, AMLO criticó que la prioridad sea la inversión en armas y conflictos, en lugar de políticas que reduzcan la desigualdad y fortalezcan el tejido social.
La denuncia no es únicamente retórica. Organismos como el Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI) muestran que Estados Unidos mantiene el mayor gasto militar del mundo, con cientos de miles de millones de dólares anuales destinados a defensa. Al mismo tiempo, informes del Department of Housing and Urban Development (HUD) y del Census Bureau documentan problemas sociales persistentes: cientos de miles de personas en situación de calle y millones sin acceso pleno a servicios de salud y vivienda digna.
AMLO apuntó a una contradicción: un país capaz de sostener operaciones en varias regiones del planeta y de sostener a una poderosa industria de armas, pero que a la vez registra altos índices de violencia con armas de fuego, crisis en salud pública y carencias educativas en amplios sectores. Reuters y La Jornada cubrieron las declaraciones resaltando el tono crítico hacia la prioridad que el gobierno de Estados Unidos otorga a lo militar sobre lo social.
La metáfora que usó el presidente fue clara: “se fueron por lo material”, dijo, como quien abandona un árbol para perseguir el brillo del oro en otro monte y olvida regar lo propio. Para quienes viven al día en ciudades como Los Ángeles, Phoenix o Nueva York, esa desatención se traduce en albergues llenos, servicios de salud sobrecargados y comunidades que no tienen respuesta ante la pérdida de empleos o la precariedad.
Los datos respaldan una discusión necesaria. La violencia ligada a armas de fuego causa decenas de miles de muertes cada año en Estados Unidos, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), mientras que la inversión social en áreas como vivienda y prevención no siempre crece al mismo ritmo que el gasto militar. Esa asimetría, dijo AMLO, es una de las razones por las que el país vive “una guerra permanente” en distintos frentes.
Desde la perspectiva regional, el reclamo también tiene implicaciones para México. La relación bilateral se forja tanto en lo comercial como en lo político y lo migratorio. Señalar que Estados Unidos privilegia la fuerza por encima de las causas sociales es, en el fondo, una llamada a reorientar políticas que afectan a millones de personas que migran, que buscan seguridad o mejores oportunidades.
No todo es polarización. Instituciones y organizaciones civiles en EE. UU. han impulsado reformas en salud pública, control de armas y programas de vivienda, y en algunos casos se ven avances locales. Sin embargo, el diagnóstico de AMLO sirve para recordar que la seguridad no se compra solo con arsenales: se construye con educación, empleo, servicios de salud y políticas que atiendan las raíces de la violencia y la pobreza.
La crítica del presidente mexicano exige que el discurso no se quede en la queja. Es una invitación a que la comunidad internacional, incluida la sociedad estadounidense, debata prioridades. La Jornada y otros medios coinciden en que, más allá de la retórica, lo que hace falta son políticas públicas efectivas que trasladen recursos a la prevención y al bienestar, y no solo al engranaje bélico.
Para la ciudadanía, la discusión importa en lo concreto: decisiones sobre presupuesto repercuten en escuelas, hospitales y servicios sociales. Si el dinero se destina principalmente a armamento, quienes sufren la precariedad cotidiana seguirán pagando el precio. AMLO lo puso en términos simples: un país que olvida a su gente puede lucir fuerte por fuera, pero estará enfermo por dentro.

