Morena en jaque: designa siete candidatos para 2027 y enciende polémica

Ciudad de México. Morena anunció los primeros siete perfiles designados rumbo a 2027 y ya enfrenta una oleada de críticas internas y externas. Según reportes de Reforma, el partido tiene avanzados los perfiles para 17 estados, entre ellos Elí César Cervantes en San Luis Potosí, Clara Luz Flores en Nuevo León y Cruz Pérez Cuéllar en Chihuahua.

La decisión, argumentan en el círculo central del partido, busca amarrar candidaturas estratégicas con vistas a la siguiente contienda nacional. Pero para muchos militantes y organizaciones sociales la jugada parece más un reparto desde la cúpula que un ejercicio de construcción colectiva. Militantes en varios estados han cuestionado la falta de transparencia y la ausencia de mecanismos claros de consulta.

El nombramiento de figuras como Clara Luz Flores —cuya carrera ha sido señalada por la oposición en varias ocasiones— y de cuadros con trayectoria nacional genera preocupación sobre la capacidad de Morena para mantener la cohesión entre líderes locales y la dirigencia. La sensación dentro de sectores del partido es la de que las candidaturas se “siembran” desde la Ciudad de México, con poco diálogo sobre las realidades territoriales.

Las consecuencias son prácticas y cotidianas. Cuando una base local se siente desplazada, disminuye la lealtad en las campañas, cae la movilización y se abren fracturas que la oposición puede aprovechar. En estados donde Morena llegó al poder por acumulación de proyectos locales y militancia de calle, imponer perfiles externos puede traducirse en votos perdidos y en desgaste para políticas públicas que requieren continuidad.

Al mismo tiempo, hay quien defiende la estrategia: dirigentes partidistas sostienen que cerrar acuerdos tempranos evita guerras internas que en el pasado costaron candidaturas y dio ventaja al PRI o al PAN en distritos clave. Desde esa óptica, contar con 17 perfiles adelantados es una forma de instrumentar una hoja de ruta y evitar improvisaciones.

La tensión entre ambos enfoques abre una discusión más profunda sobre la salud democrática interna de Morena. ¿Debe un partido que se define como movimiento consolidar la toma de decisiones en órganos colegiados y transparentes, o privilegiar la disciplina para competir mejor en las urnas? La respuesta no es neutra: si priman las designaciones desde arriba, las asambleas locales y los procesos participativos corren el riesgo de quedarse en letra muerta.

Analistas consultados por Reforma apuntan que la combinación de perfiles polémicos y la percepción de imposición puede beneficiar a la oposición en estados competitivos, pero también reconocer que una negociación centralizada puede ser efectiva si se acompasa con incentivos reales para las bases locales y compromisos de trabajo conjunto.

La historia reciente muestra ejemplos de ambos resultados. Cuando la dirigencia logra acuerdos con movimientos locales y garantiza procesos de rendición de cuentas, el partido mantiene cohesión. Cuando no, las crisis internas terminan trasladándose a la administración pública y afectan proyectos de salud, educación y servicios básicos que la gente vive a diario.

Para evitar que la polémica se convierta en fractura, activistas y académicos proponen mecanismos concretos: primarias abiertas con observación ciudadana, reglas claras para la evaluación de perfiles y calendarios que permitan la capacitación de candidatas y candidatos en agendas locales. Estas propuestas buscan un equilibrio entre la disciplina necesaria para competir y la legitimidad que exige la militancia.

Morena entra así en una fase delicada: definir cómo construye su próximo mapa electoral sin perder la conexión con la sociedad. Si la dirigencia escucha y transparenta procesos, la designación temprana podría traducirse en estabilidad. Si decide imponer candidaturas sin acuerdos, corre el riesgo de reproducir viejas prácticas clientelares que la propia organización prometió superar.

Con información e imágenes de: Latinus