Luto por buscadora: muere Margarita Mendoza tras años buscando a su hija

Margarita Mendoza, miembro activo del Colectivo Solecito, falleció sin haber encontrado a su hija, desaparecida desde junio de 2017.

Margarita Mendoza dedicó casi una década de su vida a lo que muchos llaman una labor de esperanza y de duelo: buscar a su hija, Alicia Jaqueline Lara Mendoza, vista por última vez en junio de 2017. La organización a la que pertenecía, el Colectivo Solecito, confirmó su muerte y aseguró que su compromiso para continuar con la búsqueda de Alicia permanece intacto.

La historia de Margarita no es un caso aislado. Es la de cientos de madres y familiares que, frente a la ausencia de respuestas claras, han tomado palas, camiones y horas para rastrear fosas, revisar registros y exigir que las autoridades actúen. Ese trabajo ciudadano ha llenado vacíos que el Estado no ha logrado cubrir con eficacia: investigación ágil, acceso a peritajes y atención integral a las familias.

La muerte de Margarita vuelve a poner sobre la mesa la deuda institucional con quienes buscan a sus desaparecidos. Colectivos como Solecito han denunciado repetidamente la falta de coordinación entre autoridades, la escasez de recursos en servicios forenses y la lentitud para cruzar y publicar resultados de pruebas genéticas. En la práctica, eso significa que muchas familias no logran cerrar el duelo y que la búsqueda se convierte en una carrera contra el olvido.

El caso de Alicia Jaqueline —recordado por las brigadas de búsqueda y por las voces familiares que nunca se apagaron— exige respuestas concretas: protocolos que funcionen, inversión en capacidades forenses, mecanismos de información claros para los familiares y sanciones efectivas cuando hay negligencia. Sin reformas, la memoria de quienes como Margarita se esforzaron por encontrar a sus seres queridos corre el riesgo de quedar en gestos simbólicos más que en justicia real.

El Colectivo Solecito, fuente principal de esta información, declaró que continuará con las búsquedas y en la exigencia de que las instancias responsables aceleren los procesos pendientes. La insistencia de estos grupos ha mostrado resultados parciales en algunos lugares, pero también evidencia la necesidad de políticas públicas que escuchen y acompañen a las familias desde el primer día.

La muerte de Margarita Mendoza no solo es una pérdida personal: es un recordatorio de la urgencia de transformar la política pública sobre desapariciones. Mientras las autoridades diseñan respuestas, las comunidades seguirán ocupando los espacios que el Estado deja vacíos. Esa doble carga no debería recaer solo en manos de familiares y colectivos.

La voz del Colectivo Solecito y la de las familias que han perdido a alguien desaparecido piden más que condolencias: piden acciones verificables. En honor a Margarita y a quienes no han sido encontrados, la exigencia es clara: búsqueda con recursos, verdad y acompañamiento a las víctimas.

Con información e imágenes de: Latinus