La gran ciclovía que México proyecta para el Mundial 2026 se cruza con las trabajadoras sexuales: “Nosotras somos parte de la ciudad”
La ambición de México por lucirse en el escenario mundial con una infraestructura moderna de cara al Mundial 2026 se topa con una realidad a pie de calle: la de las trabajadoras sexuales que ven amenazado su sustento por la construcción de una ciclovía en la calzada de Tlalpan, una arteria vital de la Ciudad de México.
Sandra Montiel, una mujer de 48 años originaria de Xalapa, Veracruz, con 30 años de experiencia en este oficio, habla con una firmeza que desarma. «Yo estoy acostumbrada a esos embates», comenta, recordando operativos policiales con helicópteros diseñados para intimidarlas. «Seguimos aquí. No nos vamos a dar por vencidas o derrotadas por un Mundial».
El último obstáculo que enfrentan estas mujeres es la obra de la ciclovía, que invade los espacios donde tradicionalmente ejercen su trabajo. El impacto en sus ingresos, según sus propios cálculos, ya es devastador, rondando entre el 70 y 80% de disminución. Con un tono sereno pero inequívoco, Sandra lanza un llamado a la reflexión y al reconocimiento:
“Nosotras somos parte de la ciudad. No por ser trabajadoras sexuales vivimos gratis o no pagamos impuestos. Somos parte de la ciudadanía como lo son los mariachis, los boleros, los que venden comida en la vía pública o los que venden dulces. Nosotras también tenemos derecho de trabajar la calle”.
Un proyecto de modernidad que invisibiliza a un sector
La ciclovía de la calzada de Tlalpan, parte de un plan más amplio para mejorar la movilidad urbana en la Ciudad de México y ofrecer una imagen de modernidad al mundo, busca conectar puntos clave de la urbe, facilitando el transporte sostenible. Sin embargo, la planificación parece haber olvidado un detalle crucial: la existencia y la vida de quienes históricamente han habitado y trabajado en estas vialidades.
Este tipo de proyectos, si bien necesarios para el desarrollo de las ciudades y para cumplir con compromisos internacionales, deben considerar la complejidad social que albergan. La calzada de Tlalpan, como muchas otras arterias importantes de la capital, ha sido un espacio donde diversas actividades económicas y sociales se desarrollan, incluyendo el trabajo sexual, que aunque estigmatizado, representa el sustento de muchas familias.
El impacto de la obra: más allá de la pérdida económica
La obra de la ciclovía no solo ha significado una drástica caída en los ingresos de las trabajadoras sexuales, sino que también ha generado un sentimiento de desplazamiento y vulnerabilidad. Al ser removidas de sus puntos de trabajo habituales, se ven obligadas a buscar otros lugares, a menudo menos seguros o con menor afluencia de clientes, exponiéndose a mayores riesgos.
Este escenario recuerda a otros casos donde proyectos de «embellecimiento» o «modernización» urbana han resultado en el desalojo o la marginación de poblaciones vulnerables, ignorando su rol y su derecho a existir en el espacio público. La ciudad, en su afán de proyectar una imagen hacia el exterior, corre el riesgo de olvidar a quienes la habitan en su día a día.
Un llamado a la inclusión y el reconocimiento
El testimonio de Sandra Montiel es un grito de justicia. Su exigencia no es solo por un espacio físico para trabajar, sino por el reconocimiento de su labor como una forma de empleo, con los mismos derechos y deberes que cualquier otra actividad. La comparación con mariachis, boleros o vendedores ambulantes es acertada: todos forman parte del tejido social y económico de la ciudad.
El Mundial 2026 es una oportunidad para que México muestre su grandeza, pero esa grandeza debe incluir la dignidad y el respeto para todos sus ciudadanos, sin importar su ocupación. El Estado tiene la responsabilidad de asegurar que los proyectos de desarrollo no se realicen a costa de la exclusión o la precariedad de los sectores más vulnerables.
La pregunta que queda en el aire es si las autoridades encargadas de la planeación urbana y de la organización del Mundial estarán dispuestas a escuchar estas voces y a buscar soluciones que no impliquen la invisibilización de un sector importante de la población. La ciudad que proyecta México debe ser una ciudad para todos, un espacio donde el progreso no deje a nadie atrás.
